Más grande que la palabra multiculturalidad, de la que ofreció una conferencia en Huelva, era – es- la extensión de su alma; más todavía que Anantapur, la ciudad india donde, a diario, buscaba soluciones a la pobreza de tanta gente beneficiaria de su trabajo, su testimonio, su mensaje. Una voz clara, intensa, sencilla; una actitud firme y comprometida ante las contradicciones del mundo; un estilo, en definitiva, por el que ascender hasta ganar la luz. Así, frente al hecho de su muerte fisíca, recordamos ahora a Vicente Ferrer.”La Providencia existe; yo mismo he tenido la ocasión de comprobarlo”, nos decía. Luego, cualquier ejemplo, de los muchos archivados en su memoria, cabía como apoyatura a su propio convencimiento. Con dos millones y medio de personas atendidas, hoy, en el estado de Andra Pradesh, ¿cómo dudar de las expectativas que genera su obra? Y, por supuesto, ningún milagro; sólo el tesón y la confianza en todo lo que vibra. Nada más; nada menos.
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