La primera vez que aquel espacio propio te recibe (un séptimo piso de la onubense Avenida de Italia, con mirada hacia la ría), es Overli –progenitor de nuestro anfitrión-, quien, sin excusas y en su proyección, vitalidad y fuerza creadoras, sale a tu encuentro. Imposible entonces sustraerse al empuje de la emoción, a la belleza de lo perfecto, al ritmo de lo puro que allí se expone. Poco a poco, aparte el golpeo que producen los nombres –Overli, siempre-, y porque también es natural que las raíces echen alas, aquella luz interior (pasillo adelante; giro después a la izquierda), puntillea o raya un camino otro, distinto, en cuyo fondo, desde hace mucho – tempus fugit-, y bajo un amplio lienzo protector, es fácil reconocer no las proporciones de un cuadro, sino las formas de un piano (kaway, de pared). Del arte de la pintura y la escultura, según vemos, al de la música. De Overli a Bernabé. Padre e hijo, y si no cito al espíritu santo no es porque no crea en él o no exista, que bien visible es el misterio y sus dones en la obra de los artistas mencionados.
Bernabé Fernández Salvador, en la línea, así, de su D.N.I. y en las de los innumerables pentagramas por él estudiados, es un músico. Un destacado músico con honda vocación y cualidades para merecerlo. Con la solidez, además, que exige la carrera elegida, conforme certifica su expediente académico (9 cursos de violín y 10 de piano). Y, por supuesto, con la esperanza de continuar ofreciéndose a la misma lo que queda del día (actual y venidero), de los años (él cuenta ahora con 26), por los siglos de los siglos, amén. Generosa carta (o partitura), pues, a la vida, no exenta de reclamo, de justa correspondencia. Entretanto, nuestro creador (bernabe_fs@hotmail.com), no rechaza impartir clases particulares, hacer bolos o amenizar bodas, bautizos… Pero esto, con sonar nunca a su manera, no debiera ser solución definitiva. En tiempo presente escribo. Y ante la realidad de la juventud española mejor formada. Duele en este caso la música. Y la palabra. En cuerpo y alma se conocen. Y claman por lo que valen. ¡Que se lo den!
No hay comentarios:
Publicar un comentario