Porque vemos cómo los pájaros
dejan la tierra con sus alas,
al paso de la tarde tus deseos
ordenan su vuelo hacia las sombras.
Lejano edén, endeble quilla,
alas abiertas de algún dios
recién nacido en ti: ¿gestado cuándo?.
Porque tiempo hace que tu vuelo,
a vueltas de fríos oscuros,
de tierras áridas,
quedó expuesto a la luz,
-lo leí en la orilla
la otra mañana-.
Porque al regreso ya eres otro,
conciencia de lo mágico al silencio,
pues no te hace falta más que la voz
para gozar el mundo,
sentir a doble espacio la dulzura
de todas las leyendas prohibidas.
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