martes, 8 de noviembre de 2011

El maquinista de La General

                   

            Atrás el debate y los demás actos de la actual campaña de elecciones generales,  es de esperar que la mayor aportación de los mismos sea, tras el citado reto político, el haber ayudado a la ciudadanía a elegir con acierto el maquinista que, en adelante, garantice la buena marcha del tren nacional y por vías similares a las de la Europa desarrollada, pues sería inconcebible que, siendo España una nación que exporta su modelo de alta velocidad al resto del mundo (Estados Unidos, Arabia…), aquí hubiera de conformarse con raíles y locomotoras de segunda mano.
            Quede anclado también en su tiempo aquel “ancho ibérico”, distinto al de los ferrocarriles europeos, que obligaba a costosos transbordos en la frontera, un duro obstáculo para las relaciones económicas españolas con el viejo continente. Hace falta, por ello, un inteligente y experto conductor. Es lo demandado, el deseo prioritario de  los electores.
            Cuando en 1926 Buster Keaton y Clyde Bruckman  presentaron El maquinista de La General acaso nunca imaginaran que la mencionada película fuese, desde entonces, un referente ineludible del cine de la época. Mudo todavía, y parco de recursos; pero con argumento convincente, mejor interpretación del propio Keaton y, por supuesto, dirigida con sabiduría. Salvando distancias y circunstancias -¿se ha trocado, hoy, la mudez en fecunda sonoridad o se reduce esta última, con frecuencia, a la simple palabrería?-, los tres soportes anteriores son igualmente exigibles a los candidatos y programas en liza.
            Los electores de las sociedades avanzadas siempre demostraron poseer habilidades políticas capaces de procesar racionalmente los discursos recibidos. Contra lo que parece, y erigiéndose como lo son, en verdaderos protagonistas ante los líderes de partidos, ¿podrán los españoles discernir con criterio acerca de sus intereses comunes y particulares? Según se valora el guion, el papel no cinematográfico de cada cual es crucial. Sin duda. Del maquinista de La General y del resto de los viajeros. Así, para la función del 20-N debieran agotarse las entradas; las papeletas, digo.

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