Llegaste
casi sin notarlo,
mas yo –sí- te sabía,
porque había llenado de ti,
en mí, el hueco de su ausencia.
Llegaste cuando aún la amanecida
era entreluz de la tibieza:
yo aguardaba la conquista
de tu sol.
Despierto fue el momento,
un sueño desvelado.
Y tu luz ascendió hasta mí,
dejándola sola,
toda única y exacta,
la sombra de mi forma.
(De Rumor de luz)
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