viernes, 4 de noviembre de 2011

FAROS

                                             

            A pie de faro, es decir, de página. Desde Mazagón, además, este observador, por cercanía, cariño y confianza, ha elegido para la ocasión la torre alta del Picacho, que así se llama el de aquí, cuyo origen se remonta a 1884. Pero no para hablar de él. Con exclusividad, y porque, en torno a los citados edificios, hoy nuestra reflexión intenta buscar una proyección distinta, dedicaremos oportuno espacio al referido monumento, y por  los  atrayentes motivos que reúne.
            Ahora, sin embargo, a pie del mismo, y habida cuenta del valor simbólico e inspirador de sus ráfagas, también procede el aprovechamiento de una lectura en el sentido apuntado. Porque aunque los faros, superados por la fuerza impetuosa de las nuevas tecnologías, hayan perdido vigencia y protagonismo, cierto es igualmente que, hacia fuera (o adentro, como en aquel libro de Menchu Gutiérrez), la luz que regalan, sus paisajes envolventes y la eterna majestuosidad de la mar, les confieren perfiles especiales. Y clarificadores. No olvidemos que acaso sean las construcciones más sorprendentes realizadas por el hombre, con particulares diseños para soportar las embestidas de la naturaleza, y – siempre-, el rigor de la soledad. Tampoco nos apartemos de la función que cumplen: ser conectores entre la tierra y el agua. Finalmente, es importante reconocer sus propias frecuencias de emisión, por las cuales se convierten en torres ópticas únicas e inconfundibles.
            En conjunto, tales características justifican, pues, que dicho sustantivo sirva, a la vez, tanto para denominar los potentes focos de los automóviles como a aquellas personas que ejercen de guía o modelo en la vida. Y, por todo ello, que los tres tipos de faros se hayan erigido con los tiempos en elementos necesarios. Se detectan, no obstante, considerables carencias en los aspirantes a ser integrados bajo la última acepción. En la sociedad actual (de adentro y de afuera), faltan líderes, qué pena. Y lo malo es que el apagón mundial va para largo…
                  

No hay comentarios:

Publicar un comentario