martes, 18 de junio de 2013

Con Junio en las manos



“El fuego no emerge de la piedra, solo se traduce / su respiración” (José Bento).Como cita para abrir boca, y en alza natural -suponemos-, las temperaturas, vienen  bien los anteriores versos, según es intención nuestra, ahora que descanso y verano sellan sus pactos habituales, recolocar en las manos de los lectores un buen libro. El mismo libro de los gustos es amplio, ya se sabe, razón también por la cual los títulos posibles componen una relación grandísima. Aun así, en junio, una apuesta primera y válida es, sin duda, Junio (1957), del cordobés Pablo García Baena. El poeta, entre los mejores y actuales; su escritura, de lo más selecto – “Bajo su sombra, junio”-, en palabra “justa y a la vez lujosa, precisa y preciosa, inmersa en la tradición clásica” (M.A.Vázquez Medel). Baste como prueba la muestra que sigue: Bajo tu sombra, Junio salvaje parra,/ ruda vid que coronas con tus pámpanos las dríadas/ desnudas,/ que exprimes tus racimos fecundos en las siestas/ sobre los cuerpos que duermen intranquilos.
            Y claro es que, aunque siempre cobre importancia saber seleccionar texto y contexto, lo verdaderamente fecundo es el acto de leer en sí y por el enorme calado de sus efectos en la vida de las personas. Decía a propósito Jaime Balmes, “la lectura es como el alimento: el provecho no está en la proporción de lo que se come, sino de lo que se digiere”. Exacta apreciación. Muy a tenerla en cuenta en el mundo de hoy, en el que la complejidad acentúa con creciente fuerza  la necesidad de disponer de los nutrientes básicos, de manera el ser humano pueda acceder a una mente equilibrada, capaz de dar respuesta adecuada a los múltiples mensajes que, por doquier, aparecen ante la mirada propia y la ajena. Leer  lleva, además, implícito el beneficio del análisis, la comparación, el contraste, la síntesis…O sea, casi todo.  Por ello que, en junio y en cualquier tiempo, merezca la pena. Su práctica dibuja igualmente el perfil más racional. Y gratificante: “Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito; yo me enorgullezco por lo que he leído”: Borges. ¿Alguien que aporte más?

martes, 11 de junio de 2013

Ante la Casa Colón



El acercamiento a sus muros exteriores era de casi obligado cumplimiento para el alumnado de la recordada Librada Vázquez, profesora del entonces Instituto de Enseñanza Media “La Rábida”, de Huelva. Se trataba, sencillamente, de completar el herbario propuesto en la clase de Ciencias Naturales y la palmadocompuesta nunca renunció al placer de erigirse en estrella, la hoja más difícil de encontrar, ese “cromo” que rara vez contiene el sobrecillo comprado en el quiosco. Pero yendo a la Casa Colón, ¡ya está!, pues con edad de bachiller ¿qué problema puede calificarse como tal?
             En la época referida, también la palma de la mano servía, en Huelva, de mapa a  todo: estudios, ambientes frecuentables y perfiles de un casco urbano del cual las iglesias de San Pedro, La Concepción, La Merced,  La Milagrosa, y San Francsco,  por una parte; y los dos “Brasil”, el mencionado instituto, el Santuario de La Cinta, y el antiguo estadio “Colombino”, por otra, marcaban, junto a los cabezos, las cotas singulares de la ciudad. Sin olvido posible -insistimos-.de la Casa Colón,  protagonista, hoy, de nuestra historia, cuya esplendente figura vino a señalar desde El Punto, el punto de arranque de la capital onubense hacia la modernidad.
            Antaño (1883), fue aquella hotel palacial, primer establecimiento de esta clase en España y a la altura de los principales de Europa (es lo que, al menos, se decía en la crónica de “La Provincia” (20/3/1882). de la mencionada construcción, levantada por iniciativa de Guillermo Sundheim); ahora, y desde su rehabilitación en 1988, Palacio de Congresos y Exposiciones. Un edificio que, por supuesto, da mucho más que para la búsqueda de una simple hoja, tantas y tan variadas como tuvo y retiene, sin muros algunos que las tapen y que, además, invitan a lecturas siempre apetecibles, ya sea  porque la fragancia propia continúe fundiéndose con la del mar, ¿o no?; ya porque ausencias y presencias hagan del  recinto lugar idóneo de convocatoria conjunta, libradas al fin de nota y condición. Y en reflexiva mirada sobre quiénes somos y adonde queremos ir, esto es, a nosotros mismos.

martes, 4 de junio de 2013

Idilios, de Juan Ramón Jiménez



Idilios, de Juan Ramón Jiménez, será presentado el próximo martes (20 horas), en la Biblioteca Pública de Huelva, en acto organizado por el Centro Andaluz de las Letras y que contará con la participación de Rocío Fernández Berrocal, reconocida juanramoniana e introductora de la citada publicación.
             Idilios (“en una obra como la mía, un título es casi un libro –pues ya están tocados los temas que se indican en otra parte-“, decía el autor), estuvo inédito hasta hoy y su aparición en Ed.”Isla de Sistolá” viene a responder con exactitud a las instrucciones que dejara marcadas Juan Ramón, bajo aquella concepción también suya de la disciplina (“cada día el gusto de cada día”). Se trata, además, de un libro que, en orden distinto y según fuera convicción general del Nobel moguereño, “lleva dentro una historia”. De amor en este caso y con trayectoria que se resuelve en Zenobia, “su aspiración ideal”.
             Idilios (1912-.1913), a caballo el escritor entre Moguer y Madrid, y al término de una etapa importante (1905-1912) para él, vivida íntegramente en su pueblo natal y caracterizada por una intensa actividad literaria (escribe, entre otros, Olvidanzas, Elejías, Baladas de Primavera, La Soledad Sonora, Pastorales, Poemas Májicos y Dolientes... Concibe igualmente Platero y yo, el cual revisaría y aumentaría hasta la primera edición de 1914), es, como bien define Rocío Fernández Berrocal, poemario con unidad completa, colmado de “brevedad, gracia y espiritualidad” concluyentes en ese Amor – con mayúscula, igual que su Obra-, que llega a sublimar a todos, del que –insistimos-, Zenobia es referente principal.. Nos hallamos, de tal suerte, ante un título clave para el seguimiento de la poesía de JRJ, libro éste que el autor dividió en dos capítulos (“Idilios clásicos” e “Idilios románticos”), y con curso natural y evolutivo que nace en la belleza carnal, pasa por la espiritual y culmina en la belleza en sí (“la verdadera madre de la acción y el verbo”, en aforismo del mencionado creador).En síntesis, lo “deseado y deseante” en un místico de la palabra como lo fue, es, Juan Ramón, “el poeta  español del siglo XX que mejor resiste el paso del tiempo” - Antonio Colinas, en el prólogo de Idilios-  y por la amplitud de su obra, su voz propia y su sentido universalista en el sentir y en el pensar”.
            I

martes, 28 de mayo de 2013

Ángeles Cruzado Rodríguez



             Cuentan los hechos (cantan, mejor), que su compromiso con el flamenco le llegó inicialmente por herencia familiar (su padre presidió durante años la Peña de Trigueros). Después, todo lo mucho que sabe y es capaz de transmitir sobre el arte de referencia es cosecha particular, fruto del esfuerzo, del rigor, del estudio también “por derecho” que exige la materia tratada, cuyo corpus compone, en verdad, un universo igualmente en expansión y colmado de energía vibrante, sonora, honda, emotiva y resuelta por las coordenadas del espacio- tiempo, en las que fue dejando esa estela de nombres importantes (cantaoras y bailaoras, en el caso que nos ocupa), a los que Ángeles Cruzado Rodríguez (licenciada en periodismo y doctora por la Universidad de Sevilla), aprendió a escuchar y, por derivación, a valorar en la medida justa que la propia historia debiera hacerlo y para dar a cada cual el lugar que le corresponde. No ocurre de tal suerte (las mujeres, en casi todas las disciplinas y ámbitos de la vida tuvieron que enfrentarse a más obstáculos que los hombres para alcanzar sus metas), de ahí que la aportación de nuestra protagonista resulte necesaria. Avalan a Ángeles Cruzado criterios de peso, dada su experiencia como miembro del grupo sobre estudios de género “Escritoras y escrituras”, perteneciente al Plan Andaluz de Investigación, desde el año 2002. Y, conforme con el título escogido (“Flamencas por derecho”), se ve asimismo respaldada por un nutrido elenco de figuras que, incorporado a su blog, garantiza la firmeza del proyecto. De momento, Rosalía de Triana, Belén Maya, La Cañeta de Málaga, Merced La Serneta, Carmen Amaya, Argentina, María Borrico, Aurora Vargas, María La Perrata, Mayte Martín, La Paquera de Jerez, Bernarda de Utrera, Tía Anica La Piriñaca, Sara Baras, La Repompa, Tía María La Habichuela, Matilde Coral, La Perla, La Negra, Juana La Macarrona, María La Burra y Tomasa La Macanica, entre otras, proponen sus respectivas interpretaciones en una primera relación. Aunque, como cabe suponer, muy pronto la vía seleccionada tendrá que ampliar su trazado. Lo normal en el firmamento que se ofrece, ahora y siempre a medio descubrir. Porque no hay noche en él sin una nueva estrella.     

martes, 21 de mayo de 2013

Hasta el 40 de mayo...



No te quites el sayo. Y el refrán se viene cumpliendo. A la vista y demás sentidos está este arreón ¿final? del frío, que ha helado el ambiente por encima  de lo permisible y cuando, en el tramo actual de la primavera, el Rocío era, aquí, la única humedad esperada; deseo por otra parte generalizado, sobre la idea del hombre como peregrino (rociero o no), el cual, tras el de ida, hoy hace el camino de vuelta según la tradición y conforme a la creencia de su origen celestial, lo que da al ser humano “un carácter de extranjería en la morada terrestre, a la vez que una transitoriedad a todos sus pasos por la misma”. Nada, pues, en el peregrinaje de la vida queda sin la correspondiente explicación simbólica, incluida la reclamada por el mes que transcurre, acaso no demasiado lejano de sus parámetros habituales, la lluvia inclusive justificando su presencia: “Chaparrones de mayo/ lavan los pinos;/ se asientan las arenas/ de los caminos”.  
Lo anterior, con respecto a cada persona, si bien los pueblos, que igualmente  tienen cuerpo, alma, sueños, y señas de identidad, requieren, sin duda, de los abrigos materiales y espirituales precisos, muy particularmente ahora, momentos de absoluta precariedad, de continuados intentos por levantarse para reemprender la marcha, muchos de ellos con la marca, la “mirada empañada del insomnio” y el dolor por heridas que nunca merecieron. Y es que, con todo lo bueno que – se supone-, aún hay por conocer y probar, el mal, querámoslo o no, también existe en el laberinto del vivir. A nivel del suelo, aunque con mayor visibilidad en el del cielo. Del poder, debe entenderse. Potestad, fuerza, dominio, e imposiciones de manos de muy pocos sobre los bolsillos (no cabezas) de muchos. Cetros o cayados frente a los cuales, con frecuencia, resulta imposible permanecer callados. Como ahora, en razón de los tiempos que corren, y comprobado que la realidad administrativa y su expresión simbólica no guían precisamente hacia caminos solares, diurnos, lógicos, sino a atajos estrechos, recortados, tremendos, abiertos solo a sufrimientos y desahucios. En tal estado de cosas, normal es que el pueblo proteste. Y ruegue a las alturas. Más, siempre más, y al modo que este observador oyó exclamar a un hijo de vecino: “Merkelcita, siquiera déjame como antes”.

martes, 14 de mayo de 2013

Papel de Aleluyas



La alegría, como suele decirse, va por barrios. O por caminos rocieros, en día como hoy. Lo que está muy bien y sienta aún mejor, según las presentes circunstancias de vida. A otro Rocío de referencia nos vamos, sin embargo, y también a disfrutar -¿por qué no?- de su particular ambiente, tantas posibilidades abiertas, tan grande universo a  contemplar en el santuario de la lectura, la propuesta igualmente festiva para quienes, en libre opción y  por culpa de ninguna crisis, han decidido quedarse en casa.
             Una publicación onubense figura, además, entre las seleccionadas para la ocasión: Papel de Aleluyas (Hojillas de calendario de la nueva estética), la revista literaria creada y codirigida por Rogelio Buendía, Adriano del Valle y Fernando Villalón durante el período 1927-1928, verdadera joya de época, y de la cual destacamos las reediciones del Instituto de Estudios Onubenses (1980), y de la  Diputación de Huelva (2007; facsimilar).
            El mundo de las revistas literarias, en la medida que aúna creación, diseño, reflexión, crítica y memoria  ya se presta a la mayor consideración, de manera principal por su efectividad en la comunicación y divulgación de las ideas, pero, con añadido y especial interés, porque movimientos literarios y escritores hayan tenido, por lo regular, una revista literaria como espacio idóneo para sus primeras manifestaciones.
            En el sentido señalado, nace así Papel de Aleluyas -poco importa lo anecdótico de su gestación-  sobre aquella inquietud literaria española, que, sin apartar la mirada de lo nuevo representado por las vanguardias, tampoco olvidó nunca  los valores nuestra lírica tradicional, realidades ambas muy reconocibles, por ejemplo, en los escritores de la Generación del 27. Del citado grupo, Rafael Alberti. Manuel Altolaguirre, Francisco Ayala, José Bergamín, Luis Cernuda, Juan Chabás Antonio Espina, Gerardo Diego, Jorge Guillén,  José Moreno Villa y Emilio Prados, fueron, entre otros, colaboradores de la revista de Huelva. Una admirable nómina. Y bellísimas aportaciones en hojas impresas, dobladas, con recuerdo a los pliegos de cordel. Esto fue, es Papel de Aleluyas.   
           

martes, 7 de mayo de 2013

Marisol Aznar, mujer actual.



Nada que ver nuestra protagonista con el ex presidente español del mismo apellido; sí con las razones del autogobierno como mujer, esposa, madre y trabajadora, los ámbitos en los que, tal vez, se dibujen con mayor precisión los perfiles tradicionales de “lo femenino”. Este conjunto de valores, según fue y es reconocible igualmente en gran número de casos. Son límites, sin embargo, demasiado estrechos. La propia trayectoria de Marisol, desde aquella permanente actitud suya de absoluta entrega y compromiso hacia los demás, demuestra que hay, puede haber mucho más. La oportuna lectura de la sociedad actual, y en lo que incide una conciencia cambiante, traduce el concepto de evolución a la manera que Marisol aconseja: comportamientos colectivos e individuales siempre críticos (ante sí y el mundo) y asentados sobre la concepción de la mujer como sujeto activo.
            En Marisol Aznar distinguimos, además, capacidades e inquietudes que responden a la llamada del arte y que vienen a situarla con justeza en la ruta de quienes descubrieron y descubren en la producción estética (la pintura, aquí), un instrumento significativo no solo para la reafirmación y felicidad personales, sino para la necesaria modernización social.
            Por todo, la titular de este espacio, con espíritu acostumbrado a repartir lo cotidiano conforme cada parcela de su identidad le reclama, se erige hoy en argumento atractivo, claro y ejemplar. Referente también a la hora de subrayar la contribución femenina en la superación de dinámicas inmovilistas (reflejo tópico de las cuales son, por cierto, las celebraciones  del “Día de…”). Y, sobre todo, modelo con los pies en las buscadas bases de la veracidad.
            “…Mil mujeres son una mujer”, concluye un aforismo de Juan Ramón. Yo creo que, por derecho y merecimientos, Marisol remite a equivalentes distintos, incluso más elevados.