martes, 11 de junio de 2013

Ante la Casa Colón



El acercamiento a sus muros exteriores era de casi obligado cumplimiento para el alumnado de la recordada Librada Vázquez, profesora del entonces Instituto de Enseñanza Media “La Rábida”, de Huelva. Se trataba, sencillamente, de completar el herbario propuesto en la clase de Ciencias Naturales y la palmadocompuesta nunca renunció al placer de erigirse en estrella, la hoja más difícil de encontrar, ese “cromo” que rara vez contiene el sobrecillo comprado en el quiosco. Pero yendo a la Casa Colón, ¡ya está!, pues con edad de bachiller ¿qué problema puede calificarse como tal?
             En la época referida, también la palma de la mano servía, en Huelva, de mapa a  todo: estudios, ambientes frecuentables y perfiles de un casco urbano del cual las iglesias de San Pedro, La Concepción, La Merced,  La Milagrosa, y San Francsco,  por una parte; y los dos “Brasil”, el mencionado instituto, el Santuario de La Cinta, y el antiguo estadio “Colombino”, por otra, marcaban, junto a los cabezos, las cotas singulares de la ciudad. Sin olvido posible -insistimos-.de la Casa Colón,  protagonista, hoy, de nuestra historia, cuya esplendente figura vino a señalar desde El Punto, el punto de arranque de la capital onubense hacia la modernidad.
            Antaño (1883), fue aquella hotel palacial, primer establecimiento de esta clase en España y a la altura de los principales de Europa (es lo que, al menos, se decía en la crónica de “La Provincia” (20/3/1882). de la mencionada construcción, levantada por iniciativa de Guillermo Sundheim); ahora, y desde su rehabilitación en 1988, Palacio de Congresos y Exposiciones. Un edificio que, por supuesto, da mucho más que para la búsqueda de una simple hoja, tantas y tan variadas como tuvo y retiene, sin muros algunos que las tapen y que, además, invitan a lecturas siempre apetecibles, ya sea  porque la fragancia propia continúe fundiéndose con la del mar, ¿o no?; ya porque ausencias y presencias hagan del  recinto lugar idóneo de convocatoria conjunta, libradas al fin de nota y condición. Y en reflexiva mirada sobre quiénes somos y adonde queremos ir, esto es, a nosotros mismos.

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