miércoles, 1 de agosto de 2012

En Colombinas


Primero, desde la playa (orientación Mazagón–Cádiz), eran tres puntos indefinidos en la raya del término marino. Poco después, tres barcos muy similares. Y en un santiamén, ya cercanos, tres buques de las fuerzas armadas nacionales. De pronto, la guerra. La de los niños, estruendosa como siempre, vociferante, puro nervio:<¡papá, ya vienen; coge el coche; al puente de El Vigía, rápido, debemos llegar antes que ellos..!>. Una improvisada caravana de vehículos, entre pinares y caminos de arena, se apresuraba  a cumplir (comienzos de agosto) el ritual oportuno: recibir, pañuelo en mano y en la más corta distancia, al “Cervantes”, al “Churruca”, al “Alcalá Galiano”,  habituales invitados flotantes, con algún almirante a bordo, a Las Colombinas, la fiesta de Huelva. Pero ya  aquella chiquillería había hecho la suya…
            Hoy, tras varias décadas, es normal que la visual de los hechos sea distinta, porque lo es también la propia vida, su rumbo, menos rumbosa ahora que nunca, bien sabemos por qué, sin puentes ni navíos que saludar, otros verbos (recortar, suprimir, ceder…), llegados hasta aquí por tierra, mar y aire, imponiendo nuevos registros, significados, sentidos y competencias. Cosas de los tiempos, sinvivir sin querer, y por supuesto, exento de la magia necesaria, reservada para unos cuantos.
            La esperanza, sin embargo, existe. Igual la providencia. Está como entonces en los niños, cuyas acciones (hablar, elegir, recoger), aunque todavía imprecisas en el horizonte del mundo, podrán demostrar claramente el dominio de las cartas de navegación, de la velocidad de crucero, y la pericia para atracar en cualquier muelle de levante o poniente. Como don y tributo a la vez, la educación, sin la cual sería imposible la singladura. Mas no un proceso formativo del tres al cuarto, que ni cuenta ni canta sino lo único que se cruza ante los ojos. No, la sociedad actual y futura, ya está requiriendo una educación sólida, crítica, operativa, innovadora, con capacidad de dar la mejor respuesta. A la fiesta de los días, y sin exclusiones. De eso se trata.    

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