martes, 7 de agosto de 2012

Londres-Almonte


Dos lugares distantes y distintos; dos medalleros con características, nombres y portadores propios; dos puntos de actualidad ahora, ya al fuego de los aros olímpicos que desde Londres volaron al cielo hace pocos días, ya al calor de una fe que desciende precisamente de aquel alto espacio, la cual, por la mediación de una madre celestial (la Virgen del Rocío no es obra humana/, que bajó de los cielos una mañana…), y con centro de interés reconocido por la cristiandad en Almonte, alimenta la espiritualidad de los creyentes.
            Por un motivo u otro, los dos topónimos citados tienen mucho que ver, recibir,  dar, siendo así que en Londres la misma reina inglesa, con mayor o menor gracia y arropada por una numerosa corte de jefes de estado, presidiera la ceremonia inaugural de los JJOO 2012. O que a un escenario reducido como es El Rocío (Almonte), aunque con gran poder de convocatoria, el Papa Benedicto XVI haya concedido a partir del próximo 19 de agosto (fecha de inicio del tradicional Rocío Chico), la celebración del Año Santo Jubilar Mariano.
            Lejos de cualquier lectura simplista, ambos hechos fundamentan su importancia y consideración en la fuerza que los ritos confieren a sus lugares y actores, con formas y contenidos capaces crear una cultura, de moldear un mundo. Ello, con las solemnidades, reglas e interpretaciones derivadas, daría, sin duda, explicación a comportamientos individuales y colectivos, casos y cosas perfectamente observables tanto en las competiciones deportivas como en las manifestaciones religiosas, y en cualquier tiempo y circunstancias.
            Con todo, y desde la influencia que podamos adjudicar a cada una de las variables intervinientes en los rituales, hay por lo común una consecuencia material, un beneficio que, administrado con sabiduría y honradez, se entiende y justifica. En época de recesión económica, más aún. A no frivolizar, pues, ante dicha realidad, pan de solución que es para personas, familias, pueblos y ciudades. De Londres o Almonte, qué importa eso. Al final, los sumandos se reparten por zonas más amplias.      

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