Con agosto en su último tramo –
¡ya se notan las tardes!, exclama la gente-, aunque todavía los cuerpos estén rendidos a la
lasitud del verano, lo único que resta por probar de estas postrimerías es, si
acaso, la acostumbrada tormenta, “trueno sordo, retumbante, interminable, como
un bostezo que no se acaba del todo, como una carga de piedra que cayera del cenit
al pueblo…” (Platero y yo.JRJ), cuya
lectura inmediata, en página de libro que solo la naturaleza numera con
precisión, suele ser, a la vez, carta de despedida y cheque en blanco para ese
otro tiempo que viene sin que nunca lo llamara nadie.
Antes
y después de la citada tormenta, mayor estruendo y peligrosidad, si cabe,
provoca el tormento que padece esta sociedad sin ecos, de mínimos, opaca y
exenta de amabilidad, por más que el sonido y el color de ayer nos la hubieran
diseñado ilusionante, prometedora, obra en suma que jamás pudiera envejecer,
menos empobrecerse. Ya hemos visto qué pronto nos obligaron a salir de tan fascinante
escenario, a aceptar ahora situaciones casi insostenibles, a inyectarnos la dosis
de dolor que – no lo olvidemos- siempre se reserva para que la propia vida
resulte. Dicho esto, además, al filo de un gran abismo que pone tierra y años
por medio entre lo que fuimos o quisimos ser y lo que en realidad somos: nada
de otro mundo, poca cosa, cuerpo de estar hoy aquí y de hacer las maletas para ocupar
el espacio que nos dé el día siguiente. Así de claro. Tal y como igualmente suena
y se pinta: certeza necesaria de un vivir con muchísimas vueltas sobre sí y su
órbita. La mejor base, ventana de observación, vía. A fin de cuentas, y al
ritmo de las estaciones, estamos también programados como ellas para continuar.
Que el verano, pues, esté a punto de concluir no deber destacarse por encima de
lo que el mismo hecho significa. Mejor actuar en adelante al dictado de la
creatividad, imaginación, formación, solidaridad, respeto, tolerancia…Es lo
que fundamenta el cambio, el paso, el puente
entre lo uno y lo diverso. El verso tendido y extendido de Pureza, lo bueno aún no catado.
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