martes, 24 de julio de 2012

Tiempo de verano



            Con o sin bicicletas, los días del verano queman etapas cual si de ganar un Tour u otra competición de prestigio se tratase. Es cierto que nunca fue fácil asumir las exigencias que imponen las carreras ciclistas famosas, tantas dificultades de las que pudiéramos hacer descripción en las travesías de las cordilleras y llanos de turno. Pero nadie podrá discutirnos que la actual, con recorrido por la Eurozona (color marrón para distinguir al líder), lleva camino de convertirse en la más difícil y dura de la historia. Motivos hay al margen de lo deportivo: opulencia, opresión, juego sucio, chinchetas sobre el asfalto, accidentes provocados y capaces de retirar a quien sea no solamente de la lid, sino del mundo (a no levantar demasiado la vista si se desea alguna comprobación). Los días del verano son, sin embargo, generosos. E inteligentes. De ahí que, salvo de los peligros o “pájaras” que derivan de las exposiciones prolongadas bajo decretos y boletines, las mejores advertencias que los citados ofrecen guardan relación con las energías y confianza propias. O con la idea de no dar tampoco cancha al olvido de nosotros mismos.
            A concedernos, pues, la importancia debida, que es razón también, según la condición humana necesita. Y, por supuesto, entera, sin recortes. La dignidad, así, el más completo avituallamiento. Con ella, los rigores del suelo y el cielo se observan y superan de manera distinta: campos labrados a derecha e izquierda de la memoria,  playas en las que jamás la música se apaga, alta montaña donde aquel sermón  contra el egoísmo sonó fuerte.
            Acaso convenga ahora recordar todo esto. En tiempo de verano, a tiempo de control. Y tirar, sin dilaciones, del pelotón, neutralizar escapadas fraudulentas.”El último en llegar fue el primero/ que iluminó el umbral de la puerta estrecha”, dice el poema. A no dudarlo, dorsal aún oculto por prudencia. Porque, con un buen equipo, podría ser cualquiera. A tener en cuenta que la meta no es “la Bolsa o la vida”. Hay  alternativas, otros valores cotizables.

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