Este cuento no se ha acabado. No,
imposible que así fuera, tantos capítulos aún por delante para contar y callar
los dimes y diretes de sus protagonistas, las inimaginables aventuras que los
mismos habrán de afrontar, la prestancia a la escritura del autor, los
beneficios económicos de la editorial. Porque vende, y bien, la línea directriz
seleccionada, los recursos estilísticos, la tipografía, el formato de la
colección…Y además, todo dentro, nacional, cercano; nada fuera de la trama que
caricaturiza y define, en general, al mundo. De manera que, siguiendo casi en
exclusiva las pautas del oportunismo material, que nadie extrañe en la actitud
de algunos personajes la ausencia de elegancia, la falta a las reglas de la
convivencia pacífica, el alarmismo social, los atentados contra los principios elementales de la ética, estética o religión.
Es lo que sucede, por ejemplo, cuando en razón de los objetivos que se
persiguen (cuotas de populismo), algún líder sin gracia apuesta supuestamente por
la imagen propia incitando a su gente al asalto, obviando la tensa situación
que aquella comunidad sufra o, según la relación clima laboral-
hechos, el posible daño al conjunto de los trabajadores. Frente a los citados rebeldes
están (a no dudarlo), quienes con capacidad para especular y en posesión de esa
magia siempre reservada para muy pocos, logran engañar sin escrúpulos al resto
de los actores (millones de personas con distintos niveles de competencias y
responsabilidades), hasta decodificar y adueñarse no únicamente de las claves
(sacrificio y esfuerzo diario) de sus respectivas cuentecitas bancarias, sino
también de las leyes (escritas en tablas de piedra o en papel vegetal), que en
mandamientos naturales sirvieron o sirven para regular presente y futuro. Por
tanto, y a modo de reflexión, claro es que,
en pleno siglo XXI, los argumentos y sentidos del género narrativo de
referencia apenas difieren de los tradicionales. Solo que el Lobo de Caperucita
y el Ogro de Pulgarcito son verdaderos inocentes ante los actuales. No,
colorín, colorado, este cuento no se ha acabado. Y da miedo adivinar su fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario