Es un dicho popular asociado al deporte que representa: el fútbol es un juego en el que compiten
once contra once y siempre gana Alemania. Aunque en la reciente Eurocopa ya
hemos visto que no fue así, resultado final a favor –qué bien-, de España, en
triunfo merecido sobre “la azzurra”, contado - ¡felicidades, campeones!-, a
grandes titulares y bajo las cabeceras periodísticas del mundo, incluidas las
de la propia Alemania, país al que se le esfumó la gloria que creía para sí,
tras aquella derrota frente a Italia, dioses de Grecia y Roma conjurados contra
los teutones desde nadie sabe cuándo, y no únicamente por el pecado de olvidar
acaso la justa y necesaria admiración por los ideales clásicos, sino por esa
terca voluntad de colocar sus exigencias materiales por encima de tantos siglos
de influencia grecorromana, los cuales pusieron, entre otras cosas, las bases
de la civilización europea y occidental en la que la misma Alemania se mira. Deberán
saber, pues, Merkel y los mercados que no solo de pan vive el hombre. Como tampoco
de fútbol, evidentemente (entren aquí los
demás competidores). Pero es cierto que, en el fondo, la vida es también un
juego cuyas reglas están fundadas en palabras, viejas y nuevas, que tienen sus
mejores intérpretes en aquellas personas y pueblos que aprendieron a
escucharlas. En tal sentido, la lectura reflexiva ante la superficial y el
diálogo sobre el monólogo nos parecerán estrategias oportunas y pertinentes.
Para ganar, claro, mas nunca desde la actitud avasalladora; al contrario: a
partir de la humildad y el respeto debidos, es decir, con elegancia. Lo que
procede y da verdadero poder, galones de mando. Esto, expresado todavía al
inicio de un siglo al que hace doce años dimos la bienvenida con humana
ilusión, esa desaparecida que ahora, gracias al fútbol, reapareció con
indumentaria de la selección española. Algo que es mucho, por supuesto. Fuera y
dentro del terreno deportivo, continúa, sin embargo, la preocupación por aquella
distinta y citada competición. Su desarrollo en campos (no bancos), donde
quepan y puedan participar todos. Donde la honradez imponga su técnica y la
credulidad abra el camino del gol. Donde la expectación…¡Vamos a ganar!
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