Fue reposición cinematográfica,
hace pocos días, en la televisión nacional, dentro del programa “Clásicos de la
1”. Un
acierto, una gozada este drama romántico, exquisita declaración de amor al cine
de principio a fin, con la dulce nostalgia que también aporta Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore,
1988), y porque, con seguridad, ante la realidad del séptimo arte la mirada
humana no tuvo (tiene), otra alternativa más gustosa que la de entregarse sin
reservas a tan extraordinario espectáculo.
Las
posibilidades del cine para tocar conciencias y sentimientos (individuales y
colectivos) acaso explican lo anterior. Evidente
es, asimismo, que a ello debiera el cine
su rápido reconocimiento popular. Y popular, como dice Francisco Ayala, con todas las consecuencias:
“los pueblos de la Tierra,
en competencia de entusiasmos, se han apresurado a recibir sobre sus cabezas el
agua del cinema: el gallo, plano y negro, ha cantado desde su veleta un alba
unánime; el león ha sacudido con su bostezo caliente un bosque de nervios; el
globo terráqueo ha girado con suavidad desde su eje, y el destino de Diana
registra cada día un viento internacional…Dentro de este zodíaco de marcas, el
cine va cuajando un espíritu nuevo, universal, solidario.”
Lástima
que la vida actual haya impuesto al propio cine un ambiente tan distinto. Y
distante. Que Huelva, ejemplo cercano, lejos de su pronta familiarización con aquel
recién llegado (Mañana miércoles se
verificará la inauguración del cinematógrafo perfeccionado Yoli, primero en su clase en España, instalado
en el Teatro Colón... Será a las ocho.
Diario “La Provincia”,
22 de diciembre de 1896), ofrezca hoy una reducida cartelera, ajena a importantes
títulos del momento. Mención aparte exigen las salas onubenses de antaño: Mora,
Gran Teatro, Rábida, Odiel, Palacio del Cine, Oriente, Emperador, Apolo,
Fantasio, Cinema Colón, San Francisco, Ideal Cinema, Teatro Cómico, Las
Palmeras, España, Cinema Park, Cine Republicano... Y los “Cinema Paradiso” de
cada localidad. En la mía, Bonares, el proyeccionista “Alfredo” de turno se
llamaba Moreno...¡Claro recuerdo, película sin corte!
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