martes, 10 de julio de 2012

Cinema Paradiso


Fue reposición cinematográfica, hace pocos días, en la televisión nacional, dentro del programa “Clásicos de la 1”. Un acierto, una gozada este drama romántico, exquisita declaración de amor al cine de principio a fin, con la dulce nostalgia que también aporta Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), y porque, con seguridad, ante la realidad del séptimo arte la mirada humana no tuvo (tiene), otra alternativa más gustosa que la de entregarse sin reservas a tan extraordinario espectáculo.
            Las posibilidades del cine para tocar conciencias y sentimientos (individuales y colectivos) acaso explican  lo anterior. Evidente es, asimismo, que a ello  debiera el cine su rápido reconocimiento popular. Y popular, como dice  Francisco Ayala, con todas las consecuencias: “los pueblos de la Tierra, en competencia de entusiasmos, se han apresurado a recibir sobre sus cabezas el agua del cinema: el gallo, plano y negro, ha cantado desde su veleta un alba unánime; el león ha sacudido con su bostezo caliente un bosque de nervios; el globo terráqueo ha girado con suavidad desde su eje, y el destino de Diana registra cada día un viento internacional…Dentro de este zodíaco de marcas, el cine va cuajando un espíritu nuevo, universal, solidario.”
            Lástima que la vida actual haya impuesto al propio cine un ambiente tan distinto. Y distante. Que Huelva, ejemplo cercano, lejos de su pronta familiarización con aquel recién llegado (Mañana miércoles se verificará la inauguración del cinematógrafo perfeccionado Yoli, primero en su clase en España, instalado en el Teatro Colón... Será a las ocho. Diario “La Provincia”, 22 de diciembre de 1896), ofrezca hoy una reducida cartelera, ajena a importantes títulos del momento. Mención aparte exigen las salas onubenses de antaño: Mora, Gran Teatro, Rábida, Odiel, Palacio del Cine, Oriente, Emperador, Apolo, Fantasio, Cinema Colón, San Francisco, Ideal Cinema, Teatro Cómico, Las Palmeras, España, Cinema Park, Cine Republicano... Y los “Cinema Paradiso” de cada localidad. En la mía, Bonares, el proyeccionista “Alfredo” de turno se llamaba Moreno...¡Claro recuerdo, película sin corte!

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