jueves, 19 de enero de 2012

Lección de anatomía

Para una piel así nunca hizo falta
ese color que cada temporada
apuesta a convertirnos en deidades
revividas al paso de los tiempos.
Nuca una piel como la suya pudo
mirar su cuerpo de otra forma, abrir
sus poros al calor de un rito
que no fuese éste de ocultar
celosamente su misterio,
hacer las abluciones oportunas
según ordena la liturgia,
escoger el aroma más preciso,
tensar al destino cada lienzo
de manera que puedan ser inscritas
todas las estrategias.
Bajo una piel como la suya
siempre queda algo:
una hebra de ilusión,
cierta tendencia agresiva,
algún camino de regreso…
Ya se sabe, los clásicos estragos
que provoca el amor cuando se marcha
y todo recuerdo se erige
templo o ruina para ese fuego
que nunca acaba de extinguirse.
De una piel como la suya
hizo el río su cauce; la mar, su fondo;
mi frente esta conciencia de sentirnos
proyectados hacia ese cielo inmenso
que igualmente es su piel…
Ante una piel como la suya
apenas sé si debo esperar nada,
negar todo o creer
más allá de esta decisión
de imprimir el poema en la memoria
de aquella tarde ya lejana
en cuya desnudez advertí cómo
sobre una piel como la suya caben
mil modos de leer y amar la vida.

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