martes, 9 de abril de 2013

Mejor con un libro




            Así se suele testimoniar en abril el interés por la lectura: con un libro. Ocurre cada año y, de forma oficial, desde que la UNESCO, en recuerdo del fallecimiento de Cervantes y de Chakespeare (ambos, el 23-4-1616), eligiera simbólicamente la citada fecha como Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor, con la finalidad de animar a los jóvenes a descubrir el placer de leer y a respetar, a la vez, la inconmensurable aportación de los escritores al progreso social y educativo de los pueblos.
            Muy bien todo, que la idea de conceder la importancia debida a la creación (literaria, aquí), es  tanto como considerar que esta última pueda disponer de recursos propios contra la misma muerte y no se iría descaminado en tal sentido. La elección, pues, merece la pena, aparte las posibilidades de asombro, emoción y gozo que un buena obra – narrativa, poética, teatral-, regala a quien se compromete con ella.. 
            En torno al libro (instrumento y extensión no del cuerpo, sino de la imaginación y la memoria, según Borges) a tener en cuenta igualmente, aunque solo lo justo, sus diferentes y actuales formas de presentación, aparente enfrentamiento, ahora, de la tradicional (en papel), y la edición digital, pero en cualquier caso, sin menoscabo de los beneficios de la lectura (lo primordial y más interesante).Herencia, además, que siempre queda y se constituye también, tras siglos de cultura libresca, en razón y preocupación de la sociedad del siglo XXI, cuya capacidad para seleccionar e interpretar un texto continúa siendo, precisamente, muy escasa, a pesar de incorporación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC), y como vienen a demostrarlo “los cientos de millones seres humanos que todavía no han accedido a la competencia lectora o que, aun teniendo un nivel elemental de lectura, son incapaces de poner en marcha dinámicas comprensivas, y son analfabetos funcionales” (M. A. Vázquez Medel). Por ello – insistimos- que en favor de la lectura se impongan criterios de actuación sólidos y políticas adecuadas. No, no es necesario ahondar. Sí, concluir: una sociedad lectora (consecuentemente crítica, innovadora y reflexiva), no hubiera consentido, por ejemplo, la crisis general que nos oprime.          
        

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