El pasado sábado se cumplían
cincuenta años de la ordenación sacerdotal de Paco Girón, el cura torero,
apelativo éste último que le llega -en presente, siempre-, de su afición a la
fiesta nacional, pero, sobre todo, por el
modo elegante y comprometido de componer los lances que, en cada tiempo
y circunstancia, requirió la faena de su vida, esto es, la del desfavorecido,
excluido social o, como se dice ahora, persona vulnerable, sin bien entre las
muchas denominaciones que se suelen aplicar al necesitado, “pobre” es –creo-, la
más acertada para el cura Girón, según él supo oír, leer y poner en práctica el
contenido inequívoco del Sermón de la Montaña.
Hablar,
por tanto, de Francisco Girón, es hacer referencia precisa del bienaventurado,
el cual no es otro sino aquel situado frente a las diversas perspectivas de
cualquier crisis, y que lejos de adoptar una actitud pasiva, una vez observadas
con detenimiento las características del astado correspondiente, se arma de
comprensión, amor, arte y confianza, y
no duda en brindar su actuación al público más marginal. Luego, lo preceptivo
de lo natural: destreza en el manejo de la derecha, de la izquierda, y en los terrenos que convenga, ya sean los tendidos de la política y la economía (van
parejos), ya los de la filosofía, el arte o la religión, que igualmente están para rendirse a los propósitos del
torero. Pero solo al de genio y figura. Como concurre en Paco Girón, cuyo
nombre, aparte de resultar sonoro en el contexto elegido (¿quién no lo ve
inscrito en los mejores carteles?), cuenta también con los mayores
reconocimientos. Normal Propio, además, del que primeramente descubriera las
excelencias de la luz y después encargara el traje. En el caso de Paco Girón,
un atuendo apto para mirar, no para ser mirado. Y con sencillos motivos centrados
en Jesucristo y el prójimo: el reino de Dios en la tierra. Originalidad suma. Y
esencialmente fe, demostrada en el ejercicio diario, Lo suficiente que nunca
resta y sirve para no caer en ningún letargo, para encauzar los triunfos. Los
que el bienaventurado Girón viene cosechando desde mucho antes de tomar la
alternativa. Destacan, por cierto, las crónicas celestiales el revuelo que allí
está causando. Nada extraño. Es un maestro.
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