martes, 16 de abril de 2013

El cura Girón



El pasado sábado se cumplían cincuenta años de la ordenación sacerdotal de Paco Girón, el cura torero, apelativo éste último que le llega -en presente, siempre-, de su afición a la fiesta nacional, pero, sobre todo, por el  modo elegante y comprometido de componer los lances que, en cada tiempo y circunstancia, requirió la faena de su vida, esto es, la del desfavorecido, excluido social o, como se dice ahora, persona vulnerable, sin bien entre las muchas denominaciones que se suelen aplicar al necesitado, “pobre” es –creo-, la más acertada para el cura Girón, según él supo oír, leer y poner en práctica el contenido inequívoco del Sermón de la Montaña.
            Hablar, por tanto, de Francisco Girón, es hacer referencia precisa del bienaventurado, el cual no es otro sino aquel situado frente a las diversas perspectivas de cualquier crisis, y que lejos de adoptar una actitud pasiva, una vez observadas con detenimiento las características del astado correspondiente, se arma de comprensión, amor, arte  y confianza, y no duda en brindar su actuación al público más marginal. Luego, lo preceptivo de lo natural: destreza en el manejo de la derecha, de la izquierda, y en  los terrenos que convenga, ya sean los  tendidos de la política y la economía (van parejos), ya los de la filosofía, el arte o la religión, que igualmente  están para rendirse a los propósitos del torero. Pero solo al de genio y figura. Como concurre en Paco Girón, cuyo nombre, aparte de resultar sonoro en el contexto elegido (¿quién no lo ve inscrito en los mejores carteles?), cuenta también con los mayores reconocimientos. Normal Propio, además, del que primeramente descubriera las excelencias de la luz y después encargara el traje. En el caso de Paco Girón, un atuendo apto para mirar, no para ser mirado. Y con sencillos motivos centrados en Jesucristo y el prójimo: el reino de Dios en la tierra. Originalidad suma. Y esencialmente fe, demostrada en el ejercicio diario, Lo suficiente que nunca resta y sirve para no caer en ningún letargo, para encauzar los triunfos. Los que el bienaventurado Girón viene cosechando desde mucho antes de tomar la alternativa. Destacan, por cierto, las crónicas celestiales el revuelo que allí está causando. Nada extraño. Es un maestro.      

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