Tras la Semana Santa, la alternativa
natural para el ocio de la gente es la playa, auténtico jardín de las delicias para niños y mayores, paraje del que el
mismo Dios acaso sea guía gustoso y habitual y no solo porque tal espacio se
constituya en una de las excelencias de su propia Creación; también por haberlo
admirado y probado desde el principio, con los beneficios que ello reporta al cuerpo y al
alma.
Lo
anterior justifica, pues, que -abril encima-, la playa se convierta en punto de
destino para cualquier humano que se precie, respuesta a una convocatoria que,
al menos en Huelva, nunca defraudó; lo contrario. La bien denominada Costa de la Luz es, por tanto, acertada
opción, toda la verdad de sus aguas en las de la vida de cada cual, ecos y
sueños incluidos, de una y otra parte.
Pero
aun contando y reconociendo las exquisiteces y rasgos diferenciales de las playas de Huelva, a nadie que las conozca a
fondo se le escapa el profundo deterioro sufrido por estas durante las últimas
décadas, particularmente desde la construcción del dique “Juan Carlos I” (El
Espigón), enorme barrera pétrea que, según cualificados observadores, ha
modificado la dinámica del mar a lo largo del litoral provincial y provocado la
pérdida masiva de arena. Al respecto y contra esta conclusión, no falta la de
quienes, con mirada distinta, consideran que los referidos efectos provienen de
muy lejos, leibles en la historia del citado cinturón costero. Opiniones
encontradas. Cierto. Y a las que es preciso sumar, por supuesto, el informe del
proyecto técnico del mencionado dique, con advertencia sobre la erosión que la mencionada
obra provocaría en la costa, y para cuya evitación serían necesarios espigones
en “púas de peine”, trazados desde la orilla al mar. De eso hace más de treinta
años, sin que jamás se actuara en la dirección indicada. Lógico, así, pensar
que de tales carencias deriven los problemas de hoy. Por esto que las horas
actuales y futuras en las playas de Huelva deban contarse a partir de la puesta
en acción de planes de mantenimiento concretos y fiables. Mas discusión no procede, no cabe.
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