miércoles, 3 de abril de 2013

La hora de las playas



Tras la Semana Santa, la alternativa natural para el ocio de la gente es la playa, auténtico jardín de las delicias para niños y mayores, paraje del que el mismo Dios acaso sea guía gustoso y habitual y no solo porque tal espacio se constituya en una de las excelencias de su propia Creación; también por haberlo admirado y probado desde el principio, con  los beneficios que ello reporta al cuerpo y al alma.
            Lo anterior justifica, pues, que -abril encima-, la playa se convierta en punto de destino para cualquier humano que se precie, respuesta a una convocatoria que, al menos en Huelva, nunca defraudó; lo contrario. La  bien denominada Costa de la Luz es, por tanto, acertada opción, toda la verdad de sus aguas en las de la vida de cada cual, ecos y sueños  incluidos, de una y otra parte.
            Pero aun contando y reconociendo las exquisiteces y rasgos diferenciales de las  playas de Huelva, a nadie que las conozca a fondo se le escapa el profundo deterioro sufrido por estas durante las últimas décadas, particularmente desde la construcción del dique “Juan Carlos I” (El Espigón), enorme barrera pétrea que, según cualificados observadores, ha modificado la dinámica del mar a lo largo del litoral provincial y provocado la pérdida masiva de arena. Al respecto y contra esta conclusión, no falta la de quienes, con mirada distinta, consideran que los referidos efectos provienen de muy lejos, leibles en la historia del citado cinturón costero. Opiniones encontradas. Cierto. Y a las que es preciso sumar, por supuesto, el informe del proyecto técnico del mencionado dique, con advertencia sobre la erosión que la mencionada obra provocaría en la costa, y para cuya evitación serían necesarios espigones en “púas de peine”, trazados desde la orilla al mar. De eso hace más de treinta años, sin que jamás se actuara en la dirección indicada. Lógico, así, pensar que de tales carencias deriven los problemas de hoy. Por esto que las horas actuales y futuras en las playas de Huelva deban contarse a partir de la puesta en acción de planes de mantenimiento concretos y fiables. Mas discusión  no procede, no cabe.             

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