miércoles, 24 de abril de 2013

Andalucía, con Caballero Bonald



Andalucía rinde hoy, Día del Libro, y en cada una de sus ocho provincias, homenaje a J.M. Caballero Bonald (actual Premio Cervantes), en acto simultáneo coordinado por el Centro Andaluz de las Letras Acierto doble –entendemos-, según la reconocida categoría del escritor jerezano, e igualmente por su claro compromiso con esta Comunidad, muy particularmente con el Coto de Doñana, escenario de  Agata ojo de gato (1974, Premio Nacional de la Crítica), novela de fabulación e historia confundidas, y en la que el mito de la tierra-madre se deja leer, sentir (“la tierra aniquila a quienes pretenden ultrajarla”) con la naturalidad y fuerza características de un territorio distinguido por su pureza.
            Mas no únicamente  por el libro citado merece la pena acercarse  a Caballero Bonald, a su producción narrativa (Dos días de setiembre, 1962; Toda la noche oyeron pasar pájaros, 1981; En la casa del padre, 1988, y Campo de Agramante, 1992). Porque, en esencia, dicho creador es, ante sí y el mundo, poeta. De rigor, lejano de la autocomplacencia y con una amplia obra (Las adivinaciones, 1952; Memorias de poco tiempo; 1954; Anteo. 1956; Las horas muertas.1959; Pliegos de cordel, 1963; Descrédito del héroe, 1977; Laberinto de Fortuna, 1984; Doce poemas, 1991; Diario de Argónida, 1997; Manual de infractores, 2005; Antídotos, 2008; La noche no tiene paredes. 2009; Entreguerras o De la naturaleza de las cosas, 2012), capaz de marcar tendencia desde el pasado “medio siglo” hasta nuestros días. A considerar, además, y convenir con él que la lectura sea tabla de salvación: “Con mi poesía –aquí y ahora- solo pretendo darle coherencia a mis acciones morales, librarme de mis taras educativas, potenciar por mi cuenta el sentido de la más inmediata testificación de la realidad, cernir con la memoria la servidumbre de los hechos vividos” Nada más; nada menos. Oficio de lector (2013), en suma, sobre una vida susceptible de ser corregida en muchos aspectos. Todavía – siempre- cabe tal certeza. Aunque al eco del propio Caballero Bonald admitamos que “somos el tiempo que nos queda”.


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