Andalucía rinde hoy, Día del
Libro, y en cada una de sus ocho provincias, homenaje a J.M. Caballero Bonald (actual Premio Cervantes), en acto simultáneo
coordinado por el Centro Andaluz de las Letras Acierto doble –entendemos-,
según la reconocida categoría del escritor jerezano, e igualmente por su claro
compromiso con esta Comunidad, muy particularmente con el Coto de Doñana,
escenario de Agata ojo de gato (1974, Premio Nacional de la Crítica), novela de fabulación
e historia confundidas, y en la que el mito de la tierra-madre se deja leer, sentir
(“la tierra aniquila a quienes pretenden ultrajarla”) con la naturalidad y
fuerza características de un territorio distinguido por su pureza.
Mas
no únicamente por el libro citado merece
la pena acercarse a Caballero Bonald, a su
producción narrativa (Dos días de setiembre, 1962; Toda la noche
oyeron pasar pájaros, 1981; En la casa del padre, 1988, y Campo
de Agramante, 1992). Porque, en esencia, dicho creador es, ante sí y el
mundo, poeta. De rigor, lejano de la autocomplacencia y con una amplia obra (Las
adivinaciones, 1952; Memorias de poco tiempo; 1954; Anteo.
1956; Las horas muertas.1959; Pliegos de cordel, 1963; Descrédito
del héroe, 1977; Laberinto de Fortuna, 1984; Doce poemas, 1991;
Diario de Argónida, 1997; Manual de infractores, 2005; Antídotos,
2008; La noche no tiene paredes. 2009; Entreguerras o De
la naturaleza de las cosas, 2012), capaz de marcar tendencia desde el
pasado “medio siglo” hasta nuestros días. A considerar, además, y convenir con
él que la lectura sea tabla de salvación: “Con
mi poesía –aquí y ahora- solo pretendo darle coherencia a mis acciones morales,
librarme de mis taras educativas, potenciar por mi cuenta el sentido de la más
inmediata testificación de la realidad, cernir con la memoria la servidumbre de
los hechos vividos” Nada más;
nada menos. Oficio de lector (2013),
en suma, sobre una vida susceptible de ser corregida en muchos aspectos.
Todavía – siempre- cabe tal certeza. Aunque al eco del propio Caballero Bonald admitamos que “somos el tiempo que nos queda”.
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