martes, 13 de noviembre de 2012

En tierra extraña



Muchos jóvenes españoles están allá. Esta vez, los mejores, los más cualificados conforme a la formación individual que adquirieron, los imprescindibles ahora y siempre y para que el país propio, en un derecho que le asiste, pueda fortalecer sus estructuras, las económicas y las otras. Y de esta suerte, salir adelante. Refuerza además dicha necesidad la misma concepción de la justicia. Ya  sea porque “cada ser humano pertenece a unos espacios.” (M.A.Vázquez Medel: La urdimbre y la trama, 2005: 37), ya según el “emplazado”, con conciencia de sus lugares y tiempos, se sienta comprometido a dar igualmente respuesta adecuada a las mencionadas pertenencias. Visto en una gráfica, aquella relación biunívoca que se estudiaba en la escuela primaria. Fácil de trazar; también lógica, aunque hoy resulte imposible dibujarla  sobre el mapa de España, por culpa de tanto desacuerdo y desatino, qué pena.
         El caso es que,  cercanas las fiestas navideñas, nos tememos que el brindis ritual, seguramente sin el vino español de la copla y con inevitable suspiro, lo realice de nuevo gente nuestra en tierra extraña. Cosas que pasan, como en el conocido poema de José Larralde. O la prevalencia de todo lo impuesto bien sabemos por quiénes y desde cuándo, pero no hasta dónde, cuyos efectos tampoco se corresponden con la buena voluntad y capacidad de sacrificio que la población española, en general, está demostrando. Aun así, en ausencia incluso de señales positivas, y hasta con Mas por menos con tintes de mesías (¡qué descaro!), la idea ha de orientarse hacia el encuentro de lo grande recogido que ofrece la confianza. La individual y la colectiva. Y en actitud de renovado nacimiento. Será por este discurso que el cielo de la Unión Europea reconozca a la estrella española su condición Y en exacta medida. Son siglos de historia común, de experiencias compartidas. Nos debemos, pues, a una geografía física y temporal  labrada. Que los frutos, en consecuencia, se repartan con mejor fortuna. Y con los jóvenes dentro, en casa.

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