Es el amanecer, luz todavía
en el dilema, sinvivir,
destino hacia no sabe qué humedad
o la negra belleza de tus alas.
Mas que fue libre voluntad
posarte en mis labios,
quédate,
asume esta corona del ensueño
tan labrada como advertida
en mi pobreza.
Fíjate que en tu ausencia
preparé el campo de mi casa
y ya no caben otros motivos
con que hacer más pura esta narración.
Quédate, digo,
quémame,
porque también la soledad
es materia inflamable,
llega al más olvidado de los cuerpos.
(De La fijeza aprendida).
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