martes, 19 de marzo de 2013

Pedro Quesada, pintor.




            No solo es primavera en el centro comercial donde trabaja como jefe del departamento artístico; también en su obra de creación personal, con perfiladas exposiciones entre marzo y abril, en dos reconocidos espacios de Huelva, capital: el restaurante Rocataliata (actualmente) y la Fundación Cultural Caja Rural (8-19 del próximo mes) En ambas, nuevos motivos y criterios en la pintura de Pedro Quesada, e igualmente en ella, desde el lenguaje propio al que el autor nos tiene acostumbrado, las extraordinarias posibilidades comunicativas del arte.
            El Barrio Obrero (Reina Victoria), de la ciudad onubense, tan singular y plural (lo inglés fundido con lo andaluz, neomudéjar y colonial), emplazado en el Cerro de San Cristóbal y que fue declarado Bien de Interés Cultural en 1977, vuelve a emplazar, así y aquí, al espectador, en discurso sensorial cuyo contenido trasciende el campo único de la mirada. Sobrepasa su tiempo incluso, más “clásico, es decir, actual, es decir, eterno”, según pudiéramos aplicarle - ¿por qué no?- el citado aforismo de Juan Ramón. El Barrio Obrero, por méritos que nadie discute, se alza, pues, como cima y objeto de contemplación de la primera y mencionada muestra.
               Por razones asimismo fáciles de comprender, los puentes, con valores simbólicos siempre por encima de los materiales, y referencias permanentes al paso de las aguas que atraviesan o de la historia de las tierras en las que hallan asentados, son parte principal de la obra pictórica de Pedro Quesada. Puentes de calculada arquitectura, e inflexibles ante aquellas circunstancias que no guarden relación con la firme y minuciosa belleza. A destacar muy especialmente en la segunda muestra el protagonismo asumido por el “Muelle de Tinto”, en “fijeza agotadora del detalle” (R.Alberti), que no cansa jamás; todo lo contrario.
            Jerárquicamente ordenados los temas seleccionados por un artista que hunde raíces frente a la mar de Isla Cristina (su ángulo universal), es natural y se entiende, finalmente, que marinas y bodegones complementen y contribuyan a traducir la visión del paraíso (exterior e interior), que Pedro Quesada aprendió a reflejar. Y que no deja de ofrecer al mundo.

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