martes, 5 de febrero de 2013

Luces y sombras en febrero



Febrero marca la distancia, luz y sombra en crecimiento: la situación idónea a vuelta de pensarnos y nuevamente creernos que, aun estáticos, continuamos avanzando; lo ideal –insisto-, pese a cuanto sucede y mancha a nuestro alrededor y ¿sin que nadie pueda evitar que el mundo (próximo o lejano), sea una bola pasada, pesada, lenta, tocada en su trayectoria?
            Ocurre, si embargo, que este mismo planeta entró de origen en la dinámica de  vida (la propia de sí y de sus especies), de modo que, miremos según lo hagamos, da igual: es lo que hay.
            Una fuerza moral, sin embargo, vendría oportunamente. En España, con cajas y más cajas sospechosas y muy pocos “cajones” (en apariencia). Y en donde fuere (distintas razones por medio), siquiera para completar el dicho.
            Pero lo expresa nítidamente Carlos Marzal en el poema: “…para no sentir miedo de perderse, / para el delirio de apostar con fe.../ Una fuerza moral contra el destino”. Justo lo que necesitamos. La lección nunca acabada. Del poeta y de la creciente minoría de lectores. Y para todos y todo, en definitiva. Público este, ese o aquel que a diario y desde  bien temprano - cada yo con sus circunstancias –, toma conciencia de la realidad individual y colectiva y procura transformar la suerte que toca en energía vital que oponer al vacío de credibilidad y de confianza que existe, el cual - nunca se dude-,  es poderoso y entraña peligro. Mas la apuesta, aquí, ahora y siempre, es – entiendo-, por la lucidez natural de las personas, más allá de la caduca y temporal de una determinada coyuntura. El propósito es, así, que “el amor se engrandezca, sea fiel y dure” (C.M.) Y tanto como la productiva honradez de la gente y de los campos, mayoritaria y verdadera desde hace mucho tiempo. ¿Lo demás? ¿Y qué es lo demás? Reconocibles son el trigo y la cizaña, de igual manera que los números claros se distinguen de los borrosos. Junto a la fuerza moral, silos y piras harían falta, pues, con los correspondientes controles de uso. Para que, de una parte, la sociedad española, aspire, tras febrero y venideros, al florecimiento que se merece. Y que fuego, por otra, obre conforme también es menester.
           

No hay comentarios:

Publicar un comentario