Febrero marca la distancia, luz y
sombra en crecimiento: la situación idónea a vuelta de pensarnos y nuevamente
creernos que, aun estáticos, continuamos avanzando; lo ideal –insisto-, pese a cuanto
sucede y mancha a nuestro alrededor y ¿sin que nadie pueda evitar que el mundo (próximo
o lejano), sea una bola pasada, pesada, lenta, tocada en su trayectoria?
Ocurre,
si embargo, que este mismo planeta entró de origen en la dinámica de vida (la propia de sí y de sus especies), de
modo que, miremos según lo hagamos, da igual: es lo que hay.
Una
fuerza moral, sin embargo, vendría oportunamente. En España, con cajas y más
cajas sospechosas y muy pocos “cajones” (en apariencia). Y en donde fuere (distintas
razones por medio), siquiera para completar el dicho.
Pero
lo expresa nítidamente Carlos Marzal
en el poema: “…para no sentir miedo de perderse, / para el delirio de apostar
con fe.../ Una fuerza moral contra el destino”. Justo lo que necesitamos. La lección
nunca acabada. Del poeta y de la creciente minoría de lectores. Y para todos y
todo, en definitiva. Público este, ese o aquel que a diario y desde bien temprano - cada yo con sus
circunstancias –, toma conciencia de la realidad individual y colectiva y
procura transformar la suerte que toca en energía vital que oponer al vacío de credibilidad
y de confianza que existe, el cual - nunca se dude-, es poderoso y entraña peligro. Mas la apuesta,
aquí, ahora y siempre, es – entiendo-, por la lucidez natural de las personas,
más allá de la caduca y temporal de una determinada coyuntura. El propósito es,
así, que “el amor se engrandezca, sea fiel y dure” (C.M.) Y tanto como la productiva honradez de la gente y de los
campos, mayoritaria y verdadera desde hace mucho tiempo. ¿Lo demás? ¿Y qué es
lo demás? Reconocibles son el trigo y la cizaña, de igual manera que los
números claros se distinguen de los borrosos. Junto a la fuerza moral, silos y
piras harían falta, pues, con los correspondientes controles de uso. Para que,
de una parte, la sociedad española, aspire, tras febrero y venideros, al
florecimiento que se merece. Y que fuego, por otra, obre conforme también es
menester.
No hay comentarios:
Publicar un comentario