Tras cinco años de rigurosa
penitencia (¿hasta cuándo?); superado además el examen de conciencia que
cualquier acto de confesión exige; tan evidente por otra parte el dolor por los pecados cometidos, y hecho
también el correspondiente propósito de enmienda, tal vez lo único que, en
estricta aplicación de la justicia (humana y divina), cabe a este país es
conocer siquiera la cara de su confesor: si Dios, para que baje hasta aquí nuevamente y, cíngulo en mano, eche
a los mercaderes (marca con denominación de origen diverso), de este templo
(¡cuánta gentuza; qué limpieza!); si Ángela
Merkel (¿diosa?), para asimismo hacerle comprender que, siendo la cosa de
campeonato europeo y aunque jueguen veintisiete contra veintisiete, no ha de
consentirse que siempre gane Alemania…Porque ya está bien (o mal) que reglamentos,
arbitrajes, medidas, recortes, tarjetas e incluso silbatos tengan diseño teutón.
Este observador al menos, que ha nacido a pie de tan especial Atlántico sureño,
junto a cuyas aguas desea ser reconocido y en las cuales su mirada aprendió a
interpretar historias, virtudes y vibraciones de una mar que todo lo acoge con
verdadero sentido, se niega a caminar al dictado de quien, olvidando perfiles
diferenciales, solo abre boca en pro del
beneficio propio.
Aparte
y no lo anterior, claro es que la realidad social inmediata impone profundas
modificaciones y propuestas de solución a los graves problemas incrustados en
ella. Y no es razón ahora para continuar discutiendo sobre si, galgos o
podencos, la culpa de la ineficacia administrativa y de la corrupción (desechables
las dos) corresponde a esa o aquella clase canina. O a sinvergüenzas a los que,
en el campo de la democracia, se les debieran anular las posibilidades de
competir. Urge cambiar –insisto- ideas, estilos, cuadros técnicos (llamativo el
suspenso general cosechado en España por los principales líderes políticos),
tácticas, lo que haga falta, de manera que se garantice mantener con solvencia
la categoría. Porque en las actuales circunstancias, este es el objetivo:
pretender no ganar el campeonato; sí la dignidad, la vida.
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