martes, 12 de febrero de 2013

La Casa de los Martínez




                   No aquella serie escrita, dirigida y realizada por Romano Villalba, emitida por televisión española, cuyos capítulos, sobre las peripecias de una típica familia española de la época,  revolucionaron la sobremesa nacional durante los años 1967 y 1971, con protagonistas como Carlos Muñoz (padre), Julia Martínez (madre), Eduardo Couteleng (hijo), Isabel María Pérez (hija), Pepe Rubio (cuñado), Florinda Chico (criada), Rafaela Aparicio (cocinera), las gemelas Fernanda y Teresa Hurtado (sustitutas de las dos anteriores), aparte los también habituales Luis Barbero, José Luis Polack, Mari Camen Prendes, Laly Soldevilla, entre otros reconocidos nombres que se fueron incorporando al reparto conforme el programa avanzaba. Con mucha gracia y peso, por cierto, lo que explicó el éxito obtenido, igual que ahora, bajo el mismo titular que entonces, no el teatro o el cine, sino los naturales y diarios compromisos de la vida nos acercan hasta la actual Casa de los Martínez, sita en Punta Umbría (o Huelva, según aconseje el guión) y compuesta por Amador (padre), Conchita (madre), Mari Conchi y M. Ángeles (hijas), más Chete, único miembro que reside en Jaén, la provincia originaria.
                   Con ser, sin embargo, la capital del Santo Reino cuna de nacimiento y procedencia, qué pronto Huelva se ofreció como tierra prometida, (los lugares que finalmente hicimos nuestros nos esperaron siempre, aun sin saberlo, dice el poema). Voces en el caso que se cita, de allí para acá, por suerte nunca desprendidas de sus acentos primarios y atraídas, bien sabemos, por la irresistible fuerza del mar: Todo lo vi / enfilado hacia el sur. /La mar al fin / selló la reafirmación de mi sueño. Y sin solución de continuidad, hasta hoy. Perfiles humanos de luz, de agua al encuentro de lo grande recogido, que es la fe que mana en ellos, la cual, lejos de cualquier manual de instrucciones, es fácil definir y valorar, porque desde la condición que se tiene hacia la situación que se vive solo media lo mejor del corazón: sus generosos latidos, su verdad, su transparencia.
                   Hay tierras colmadas de estética. Y personas, de ética. Cuando se unen, la felicidad deja de ser meta inalcanzable. Huelva y los Martínez. Un ejemplo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario