No aquella serie escrita,
dirigida y realizada por Romano Villalba,
emitida por televisión española, cuyos capítulos, sobre las peripecias de una
típica familia española de la época,
revolucionaron la sobremesa nacional durante los años 1967 y 1971, con
protagonistas como Carlos Muñoz
(padre), Julia Martínez (madre), Eduardo Couteleng (hijo), Isabel María Pérez (hija), Pepe Rubio (cuñado), Florinda Chico (criada), Rafaela Aparicio (cocinera), las gemelas
Fernanda y Teresa Hurtado (sustitutas de las dos anteriores), aparte los
también habituales Luis Barbero, José Luis Polack, Mari Camen Prendes, Laly
Soldevilla, entre otros reconocidos nombres que se fueron incorporando al
reparto conforme el programa avanzaba. Con mucha gracia y peso, por cierto, lo
que explicó el éxito obtenido, igual que ahora, bajo el mismo titular que
entonces, no el teatro o el cine, sino los naturales y diarios compromisos de la
vida nos acercan hasta la actual Casa de los Martínez, sita en Punta Umbría (o Huelva,
según aconseje el guión) y compuesta por Amador
(padre), Conchita (madre), Mari Conchi y M. Ángeles (hijas), más Chete,
único miembro que reside en Jaén, la
provincia originaria.
Con ser, sin embargo, la capital
del Santo Reino cuna de nacimiento y
procedencia, qué pronto Huelva se ofreció como tierra prometida, (los lugares
que finalmente hicimos nuestros nos esperaron siempre, aun sin saberlo, dice el
poema). Voces en el caso que se cita, de allí para acá, por suerte nunca
desprendidas de sus acentos primarios y atraídas, bien sabemos, por la
irresistible fuerza del mar: Todo lo vi /
enfilado hacia el sur. /La mar al fin / selló la reafirmación de mi sueño. Y
sin solución de continuidad, hasta hoy. Perfiles humanos de luz, de agua al
encuentro de lo grande recogido, que es la fe que mana en ellos, la cual, lejos
de cualquier manual de instrucciones, es fácil definir y valorar, porque desde la
condición que se tiene hacia la situación que se vive solo media lo mejor del
corazón: sus generosos latidos, su verdad, su transparencia.
Hay tierras colmadas de
estética. Y personas, de ética. Cuando se unen, la felicidad deja de ser meta
inalcanzable. Huelva y los Martínez. Un ejemplo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario