De
ciclogénesis explosiva y barcina va esta vez el comentario, y porque ambos
términos (en el diccionario muy alejados el uno del otro: menos en la realidad),
se asociaron sin culpa de casi nadie (determinante el casi, aquí), y coparon
los titulares de los últimos días. En el caso de la ciclogénesis explosiva o
“tormenta perfecta”, en la forma y fondo que caracterizan a este fenómeno
natural y borrascoso, con capacidad para generar vientos violentos y fuertes
lluvias en breve plazo de tiempo y consecuentes alteraciones climáticas durante
su proceso. Pero, aparte los estragos del agua cuando cae de la suerte citada,
más daño provoca, con seguridad, la rápida e intensa irrupción de las barcinas
en el panorama social, las cuales, prietas, controladas con alevosía y
premeditación por los barcinos de turno, no transportan paja como antaño, sino
euros: cientos, miles, millones de euros de acá para allá (entiéndase de España
a bancos extranjeros y paraísos fiscales de medio mundo), fruto del negocio
sucio, encubierto, …Y como si nada O como si todos en esta vida (y en la otra)
actuaran igual que ellos, fueran de idéntica condición. Mas no, afortunadamente
no. Y fácil resulta comprobarlo. Con solo poner atención al callejeo diario, se
puede distinguir el paso y el peso de cientos, miles, millones de pobres,
mansos, sufridores, pacíficos…; gente, en definitiva, honrada, limpia de
corazón, ceñidísima a cinturones, recortes de sueldos u otras imposiciones
materiales difíciles de soportar. Una ciudadanía que además, con conocimiento
de causa (la ignorancia es de época pasada), sabe a la perfección las reglas del
juego democrático que se dio, cree en el mismo y funda en este su compromiso.
Cientos, miles, millones de españoles para quienes el destino de la tormenta perfecta
estará siempre en su propia y pronta disolución, mientras que, por el
contrario, el tormento, atrás ya el éxtasis del poder y del dinero, debe
quedarse. En las conciencias de los defraudadores digo, conforme obre la
justicia. Dentro el barcino corrupto, si
cabe, de una barcina metálica.
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