martes, 22 de enero de 2013

La tormenta perfecta




            De ciclogénesis explosiva y barcina va esta vez el comentario, y porque ambos términos (en el diccionario muy alejados el uno del otro: menos en la realidad), se asociaron sin culpa de casi nadie (determinante el casi, aquí), y coparon los titulares de los últimos días. En el caso de la ciclogénesis explosiva o “tormenta perfecta”, en la forma y fondo que caracterizan a este fenómeno natural y borrascoso, con capacidad para generar vientos violentos y fuertes lluvias en breve plazo de tiempo y consecuentes alteraciones climáticas durante su proceso. Pero, aparte los estragos del agua cuando cae de la suerte citada, más daño provoca, con seguridad, la rápida e intensa irrupción de las barcinas en el panorama social, las cuales, prietas, controladas con alevosía y premeditación por los barcinos de turno, no transportan paja como antaño, sino euros: cientos, miles, millones de euros de acá para allá (entiéndase de España a bancos extranjeros y paraísos fiscales de medio mundo), fruto del negocio sucio, encubierto, …Y como si nada O como si todos en esta vida (y en la otra) actuaran igual que ellos, fueran de idéntica condición. Mas no, afortunadamente no. Y fácil resulta comprobarlo. Con solo poner atención al callejeo diario, se puede distinguir el paso y el peso de cientos, miles, millones de pobres, mansos, sufridores, pacíficos…; gente, en definitiva, honrada, limpia de corazón, ceñidísima a cinturones, recortes de sueldos u otras imposiciones materiales difíciles de soportar. Una ciudadanía que además, con conocimiento de causa (la ignorancia es de época pasada), sabe a la perfección las reglas del juego democrático que se dio, cree en el mismo y funda en este su compromiso. Cientos, miles, millones de españoles para quienes el destino de la tormenta perfecta estará siempre en su propia y pronta disolución, mientras que, por el contrario, el tormento, atrás ya el éxtasis del poder y del dinero, debe quedarse. En las conciencias de los defraudadores digo, conforme obre la justicia.  Dentro el barcino corrupto, si cabe, de una barcina metálica.

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