Es comentario de hace días en una
tertulia de café: La crisis actual tiene
mucho de psicológica…Y acaso disponga de fundamento tal aserto, con
justificación asociada a la enorme
influencia de la situación económico-social, la cual conduce de manera
inevitable al rastreo de las interpretaciones más diversas, siendo además preciso que cada ser humano, como decía Francisco Ayala, “necesite poseer una comprensión de su ambiente
histórico…Conocer nuestro mundo especialmente caótico para no sentirnos en él
ni desconcertados, ni perjudicados, ni abrumados por la magnitud y la
complejidad de sus dificultades ni abandonados y flotando a la deriva como
náufragos”. Incuestionable visión –pienso-, y válida igual para los tertulianos
de referencia que para quienes, por ejemplo, hacen colas casi kilométricas ante
las puertas de populares administraciones de lotería, sin olvidar tampoco el
espacio que la citada reflexión debiera ocupar también en las carteras de
presidentes, ministros, consejeros y restantes cargos públicos y privados que,
a diario, tienen la obligación de dirigir con eficacia este país, algo o
bastante echado en falta.
Porque,
en general, la ciudadanía cree que para todas las crisis haya salidas. Otro
asunto es, sin embargo, que se dude acerca de cuándo, cómo y con cuáles recetas
adecuadas resolverlas según y conforme cada caso, casa, pueblo o nación. Siempre
con los mayores soportes (los psicológicos entre los posibles), que puedan
activarse; sobre avances cualitativos y cuantitativos justos por naturales en
la evolución humana. E inexcusable convencimiento
de causa. Aquí y en Pekín. Lo contrario ya se ve a qué estados límites,
encrucijadas e incertidumbres está llevando. Demasiado desasosiego, en suma:
una carga particular y colectiva no merecida y difícil de sostener. Tal vez la Educación (que incluye
en sus planes a la propia psicología), esté reclamando ahora más que nunca el
rol que le corresponde en la
interpretación del mundo, “los niños de casero” al lado de los del banquero,
sin apenas diferencias. Y ninguno ni nadie con las manos arrecidas…Este
diciembre o cualquier mes.
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