Beben y beben y vuelven a beber.
E igual con la comida. Y en menos que canta un gallo, un pavo, o lo que sea con
tal de no desaprovechar un segundo, un movimiento que combine la acción de
tragar con el ejercicio del brazo, de la mano, que posibilitan esa gimnasia
única en las noches que ahora transcurren -de lo bueno a lo nuevo-, entre el
engullido de canapés solitarios de cenas anteriores y fuentes intactas de caña
de lomo que también quedaron pendientes. Esto, sin menosprecio de lo que asimismo
compone y completa, en las fechas que rigen, el relieve de la mesa: una sopa de
pescado, un pastel de salmón o de cabracho, los langostinos y gambas que siempre sabrán a poco, el oportuno
redondo de carne, los correspondientes sorbetes de limón, la macedonia de
frutas y las cuatro o cinco tartas de elaboración casera con recetas de la abuela o de la thermomix. Ahí es nada. Para
reventar. Y tan felices. Ellos y ellas.
Crueldad de cuerpos para apetitos amenazantes. La gula, en definitiva, que es
palabra muy traicionera, a la cabeza de la clasificación de los pecados
capitales; pero no importa, pues para eso vendrán luego el trabajo del
endocrino y la prestancia de las marchas a paso rápido y de la bicicleta fija,
las cuales harán lo posible para
devolvernos la figura de los efebos
o sílfides que somos o nos creemos,
dentro de la amplia gama de la tipología nacional masculina y femenina. Y, por
supuesto, ni hablar de otra solución alternativa, porque dicho rescate supone mentar la bicha de la
crisis y además suele producir gravosos efectos secundarios que afectan al
corazón, la víscera principal que, por ejemplo, los egipcios, con conocimiento
de causa, dejaban en el interior de la momia como centro necesario al cuerpo
para vivir la eternidad. Y de llegar hasta la citada se trata, no se olvide.
Detalle importante y recomendable, por cierto -todavía el mantel por retirar-,
es probar el trozo de tarde humedecida o las diversas emociones que
habitualmente se sirven – y comparten-, al vuelo de un cálido ambiente
familiar, visión entonces más relativa de los propios manjares y del mundo. Lo
verdadero. Y gustoso.
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