martes, 11 de diciembre de 2012

Ángeles Márquez




            Sus viajes, en Navidad, a La Moncloa y Francia con “Alegría”, el coro de música popular que fundara y al que pertenece, o la creación en Santa Olalla del Cala  (pueblo natal y de residencia), del Museo de Artes y Costumbres, junto a las Memorias de una andaluza en el mundo rural, son únicamente gestos, detalles, flecos de un amplio y hondo proyecto personal, el cual, puesto en observación – y merece la pena contemplarlo-, se corresponde sin duda con el de una mujer pertrechada para el siglo actual, de acuerdo con la relación que ella misma establece entre obra y vida, ser humano y naturaleza. En suma, una simultaneidad y engarce de fuerzas, de compromisos sociales y culturales sin otra deseada solución que la buscada por nuestra protagonista: un modelo de convivencia en el que, aun aceptando el relativismo de lo bueno y lo malo, cualquier fórmula de progreso encuentre fundamento en la generosidad y el respeto de las libertades individuales y colectivas. Lo exterior, por tanto, lo es o debe ser siempre para Ángeles Márquez por su vinculación a lo interior, espacio de silencio que es para sí refugio de sufrimientos y esperanzas, pero también, y en consecuencia, taller donde fabricar a diario las estructuras que le permiten plantear con tanta seguridad y aplomo esas ilusiones y respuestas (más dulces ambas que sus propios pestiños), ofrecidas como realidades nunca utópicas. Y necesarias.
            Configuran, pues, de algún modo el texto y el contexto de Angelita (nombre familiar), un contemporáneo perfil de identidad femenina sito en (no ante) los tiempos que corren, ángel polifacético por fortuna muy distante y distinto de aquel con mensaje ya sobrevolado y sin misterio, que obligó a la mujer, durante milenios, a la supeditación física y emocional de hombres e hijos,  tal como se entendía y aceptaba que dicha relegación formaba parte de su condición natural. Nada que ver con las nuevas anunciadas por la enviada de referencia. No exentas, ciertamente, de dificultades. Aunque de lectura clara y plena. Como lo es Angelita: sin edad.

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