martes, 16 de octubre de 2012

Pablo García Baena



Que octubre sea pebetero de importantes premios literarios nadie lo pone en duda, del Nobel sobre todo -este año, concedido al creador chino Mo Yan-, cuyo relumbrón ilumina al mundo. Lógico, propio, normal. Y así por los siglos de los siglos, con nómina que incluye a cinco escritores españoles: José de Echegaray (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1988); aparte, Santiago Ramón y Cajal (1906) y Severo Ochoa  (1959), quienes igualmente alcanzaron dicho galardón, aunque en la rama de la medicina
            De ámbito internacional es asimismo el Federico García Lorca. Ciudad de  Granada, con los nombres de Ángel González, José Emilio Pacheco, Blanca Varela, Francisco Brines, Tomás Segovia, José Manuel Caballero Bonald, María Victoria Atencia y Fina García Marruz en su trayectoria, una prestigiosa relación a la que acaba de sumarse Pablo García Baena, distinguido en esta novena edición del mencionado certamen por el “lujo verbal” y la “perfecta adecuación de  la palabra y el sentimiento” en su obra.
            Poco o mucho más que decir del reconocimiento al poeta cordobés, una acertada decisión que nos alegra. Doblemente: ya por la gozosa realidad de sus libros (la lectura es única e imprescindible vía para el conocimiento de un autor), ya por la comunicación personal con aquél (otro lujo y perfecta adecuación), y con las motivaciones principales  del grupo “Cántico”, Juan Ramón, los amigos comunes, y la tierra compartida (Moguer). La publicación de Como el agua en la yedra. Antología esencial (Ed. Cuadernos Literarios La Placeta, número 4. Fundación El Monte, Huelva 1998), vino a significar también un nuevo punto de encuentro, una sencilla arquitectura que fue y es para poemas seleccionados de Rumor oculto, Mientras cantan los pájaros, Antiguo Muchacho, Junio, Óleo, Almoneda, Antes que el tiempo acabe y Fieles guirnaldas fugitivas. Brillante ramillete (en Pablo García Baena no cabría ofrecimiento distinto). Misión, invocación, poética: “Y que a mis versos caigan/ heridas las estrellas”. 
        

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