martes, 9 de octubre de 2012

Abuela Conchita (In Memoriam).



Asomada de nuevo a este porche de los días, no parece sino que, contra la moda de morir, hubiese apostado desde siempre por la eternidad. Lo que, sin duda, es un acierto, un logro, pero también un merecimiento, pues hay historias personales con tanto por decir que necesitan el tiempo entero La de Abuela Conchita (Concepción Amelia Francisca Garrote; La Habana, 4/10/1923), así parece justificarlo, según el amor  por su isla natal se vio ligado muy pronto a escenarios y episodios reconocidísimos,  relacionados de forma directa con el proceso de la Revolución Cubana, previos, protagonistas principales y  consecuencias incluidos.
            La síntesis y explicación de aquellos hechos, ya con una perspectiva temporal suficiente, acaso resulten fáciles. Y en medida ajustada a una gran capacidad de comprensión, incluso para la testigo de referencia, una joven acomodada, que siente cómo de la noche a la mañana (1/1/1959), el patrimonio familiar queda reducido a una simple cántara de leche (“la ración correspondiente a dicha jornada”, conforme le espetaron a su padre).
            Alguna rendija habrá, sin embargo, entre la soledad y el mundo, al alcance de cuantos deseen usarla, siquiera para comprobar una y otra vez que cada experiencia vital dispone de un ángulo propio, un plus ultra imposible de expropiar, en el cual continuar creciendo con todas las esperanzas (humanas y divinas), que para eso el mismo amor, junto al oficio natural de entregarse, aprendió igualmente a invertir en bonos de infinito para cuando fuese menester. De tal renta disfruta ahora Abuela Conchita, con belleza, porte y elegancia insuperables (“quien tuvo, retuvo”), más altura en cada cota de su personalidad que en cualquiera de las marcadas por las circunstancias que llegaron a envolverla.
            Y a mayor nivel, más pureza, lealtad de miras, transparencia, todo cuanto el río lleva, además del agua, al encuentro de sus afluentes: Roberto, Gustavo (+) y Víctor (hijos); Amalia (nuera); Víctor y Patricia (nietos).¿Qué otro mejor capital?

           

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