martes, 14 de febrero de 2012

Elena del mundo


Apurar cada día en tareas que nunca pudieran ser reprochadas es, con seguridad, objetivo principal para la mayoría de las personas. Mas ¿de quién o de quiénes, en particular, hablamos; desde dónde? Porque aun reconociendo que, sobre el campo de la vida, el trigo destaca siempre sobre la cizaña, cuesta creerlo; cuenta más lo contrario, tan imposible como resulta mantener firme aquella primera fiel frente a un mundo colmado de excesos, envilecido y agitado, ante el cual, y aunque para él tú aparezcas como “huésped inoportuno”, la mejor respuesta, tuya también y desde ti, sea la continuidad y ese denuedo necesario para conseguir lo que quieres ¿Difícil? A no dudarlo, pero hubo, hay y habrá ejemplos a los que acogerte, lecturas que hacer propias, ojos que arropen tu verdad, bellezas que se abran a tu camino. Con sólo apuntar a las llanuras de tu  proximidad tendrás la ocasión de comprobarlo…
            De cualquier modo, conviene no olvidar que se trata de un trayecto duro y  largo, viaje entre aventuras y experiencias hacia la Ítaca soñada cuya realidad (atrás y ya vencidos los lestrigones, los cíclopes y el Poseidón de turno), proporcionará gran alegría. La razón impone, pues, perseverancia. Y altura de pensamiento. Luego, presente al fin la felicidad buscada, el destino, atento igualmente a sus responsabilidades, ha de seguir, por ley, exigiéndote. Pero entonces, ganada la delicia de haberte encontrado en tus espacios (lo más a obtener), todo será distinto, sonora soledad, playas interminables, mar (amor), luces dispuestas a la cita que se preste.
            Cuando traduzco tu afán de formación, joven Elena, con esta mirada, tal vez no esté haciendo otra cosa que procurar asimismo tu actitud. Nada nuevo. Lógico proceder, según sé de tu relato y tengo, además, la suerte de proclamarlo. Cante hondo de ti  a la cultura del esfuerzo. Y no conozco música alternativa.


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