martes, 7 de febrero de 2012

Cuando calienta el sol...


…Aquí en la playa, o donde sea, no sólo el vibrar se hace sentir en los cuerpos de los amantes, sino también en el de la tierra toda, con sus lagartos y demás bichos. Como debe ser, por más que, en general, no existan tiempos y lugares que hayan dejado de escuchar en alguna ocasión sus propias quejas. Rara vez, sin embargo, estas últimas se oyeron en Huelva, en la cual, frente a las rigurosas condiciones meteorológicas de otros sitios, cualquier frío (incluido el de días atrás), suele registrarse como mero y curioso apunte de hemeroteca; pelillo a la mar, si acaso. Y a disfrutar regularmente de la  benignidad de la climatología provincial, una bendición, un don que da para mucho y muchos.
            Lo que a partir de ahora se espera, pues, tan pronto el tiempo de Huelva, sellado con denominación de origen, llame con personalísima voz a los elementos naturales que envuelve y asiste, es ese despertar conjunto, nunca esquivo ni infiel, el mismo que cuando calienta el sol aquí en La Costa, y de igual modo en La Campiña, El Andévalo, La Cuenca Minera y La Sierra,  es  garantía de presente y de futuro.
            Falta hace tal resurgimiento, según la actual depresión económica, “bicha social” de sangre y conciencia frías, erigida en rostro – y espejo- de no sabemos cuántos desconocidos malvados, al congelar el valor de los recursos productivos, está causando en el mundo laboral el daño que se observa. Huelva, no obstante, dispone de activos asociados a su físico que, sin ángeles y demonios por medio, y sobre cotas de desarrollo calculadas, servirían para revertir la situación. Por ello, Cuando calienta el sol no puede responder únicamente  al título comercial de la  vieja canción de los Hermanos Rigual. Antes bien, cerca de la calidez de aquella y con la realidad en mano, aquí, en Fitur o Pekín pretende ser hoy recordatoria del enorme caudal turístico que Huelva atesora. No, no es vana la redundancia en determinadas circunstancias. Como tampoco lo es que, al amparo de la entereza, se procuren los cauces para esta riqueza disipada.   
  

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