martes, 9 de julio de 2013

Una habitación con vistas



Nada que ver el titular con la película de igual nombre, aquel drama romántico dirigido por James Ivory (1985), adaptación de la novela de E.M. Foster, que fuera galardonado con tantos Óscars, Baftas y demás premios reconocidos, en el cual la protagonista, Lucy Honey, una joven inglesa de buena familia, y su prima, Charlotte Bartlett, -ambas de viaje en Florencia-, conocen en la pensión donde se hospedan al excéntrico señor Emerson y a su hijo George, quienes amablemente ceden sus habitaciones  a las citadas damas para que disfruten de una ventana con vistas a la ciudad.
            Aparte, y en pretendida relación con lo anterior, las golondrinas de hoy, que solo en su calidad de pájaros insectívoros de alas largas, delgadas y puntiagudas y cuyas características les permiten vuelos acrobáticos y veloces, de rápidos ascensos y descensos ya sea en altura o al ras del suelo, se parecen a las de ayer, las de – valga por su popularidad la referencia escogida-. la Rima LIII: Volverán las oscuras golondrinas/ en tu balcón sus nidos a colgar,/ y otra vez con el ala a sus cristales/ jugando llamarán /…, las cuales continúan encantando, sencillamente porque Bécquer es Bécquer. 
            Estas de ahora son, igualmente, migratorias, con viajes de ida y vuelta, y anunciadoras de la primavera, Como siempre. Las mismas dan, sin embargo, otro aire. O se lo dan seguramente, que en asuntos de vender confortabilidad,  antes y después del punto.com, el mundo nuestro (de muy pocos, más exactamente), ha sido y es un publicista experto. He ahí, pues, la explicación del nuevo comportamiento que observamos en las golondrinas, vaticinado incluso por el propio Bécquer: Pero aquellas que el vuelo refrenaban/ tu hermosura y mi dicha a contemplar,/ aquellas que aprendieron nuestros nombres.../ esas... ¡no volverán /. Y tanto que fue, es así, y en actitud ajena a cualquier principio romántico. Porque muchas golondrinas actuales no se conforman con vivir en una casucha, hueco de árbol o establo. Quieren también lo que la mayoría: ¡una habitación con vistas!

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