martes, 2 de julio de 2013

Faustino Rodríguez



La vida imita al arte mucho más que el arte a la vida, es frase célebre de Óscar Wilde. Y acertada, según son también muchos los artistas que a lo largo de la Historia Universal dieron testimonio de ello. De la actual, Faustino Rodríguez, proyectada igualmente su obra al infinito, es, sin duda, un notorio ejemplo. La vida misma es la primera en reconocer cuanto del creador onubense decimos, situado ya él sobre ese sencillo aleph donde, acompasados espíritu y materia, a diario “ora et labora”; sabedora ella de cómo debe posicionarse ante fluyentes imágenes pictóricas (poéticas, al unísono), las cuales dejan ver –sentir-, no solo lo que hay más allá de la intuición, sino el estudio y rigor técnico administrados, camino hacia el laberinto simbólico y luminoso que el autor ofrece y en el que el misterio es un componente continuo. En consecuencia, y rendida con motivos la creatividad a nuestro personaje, ¿qué importa que Babel quedase entonces paralizada, si ahora Faustino es capaz de resolver la confusión de las lenguas, reconstruir la famosa torre? ¿Y que el Templo de Salomón fuese reducido a un montón de piedras? ¿O que Persépolis se esfuerce en demostrar la grandeza de un imperio? Nada fuera, lejos ni imposible; nadie, incluido este siglo XXI que, en sus prisas, descataloga y envía a los sótanos tantos cuadros y firmas, podría permanecer indiferente frente al quehacer de Faustino Rodríguez, artista otro, distinto, siempre en lo que queda tras la contemplación de lo bien hecho, y de los que quedan en  la vía –vida-,  que existe del sueño a la realidad. De un extraordinario pintor, pues, hablamos. Y de su interior tierra de promisión, colmada ésta de color, filantropía, filosofía, literatura, música, mística, números, alquimia, magia y astrología tomamos, en paralelo, referencias. Junto a todo, lo evidente de la identidad como recurso de alcance, la llave “con el tiempo dentro” que Faustino propone y de la que dispone para abrir el campo de un definido estilo, lo fundamental en el orden de las significaciones, lo imprescindible cuando se trata de interpretar el  mundo en que vivimos. Lo propio, en suma, de un  maestro. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario