María
Domínguez ha vuelto a escribir poemas, Sueño
de humo, esta vez, que llenan las páginas de la publicación recién
presentada en la Feria
de Libro de Huelva, cuyo aroma alcanza también las líneas de este artículo.
Normal. Lo propio, además, en una escritora docente, con una relevante obra literaria
hecha a pie de experiencia y de aula, y con conciencia de la importancia que
siempre tuvo integrar el aspecto emocional en la educación, y en todos y cada
uno de sus tramos. La misma intencionalidad de la dedicatoria, (“A los que abran este libro con la ilusión de
encontrar nuevos caminos que les conduzcan hacia mundos llenos de sensibilidad,
paz…. A los que encuentran en el amor la felicidad, incluso en los momentos
difíciles. A quienes han pintado alguna vez la luna de azul y miran la estela
de un avión como si pudiera llevarla al lado de la persona amada. A quienes
alguna vez han soñado y piensan que los sueños siempre pueden hacerse realidad”),
da señales inequívocas del perfil de la
citada autora, al tiempo que igualmente apunta hacia aquel profundo sentido ético
sobre el que se posiciona a diario y mediante el cual incide en la realidad que
la circunda, imprimiéndole a esta última esa necesidad de cambio tantas
ocasiones proclamada. Con dicho compromiso de vida, fácil es, así, comprender que María Domínguez sienta con Gabriel
Celaya “miedo de ser poeta;
miedo del lamento que exhala cuanto existe, miedo de decir alto lo que se
silencia”, pero que, todavía con más hondos argumentos, continúe creyendo en
las opciones que ofrece la
responsabilidad y la palabra.
Desde otro punto de observación,
y porque en la actitud lectora vaya de manera implícita el futuro de lo humano,
no sólo Sueño de humo es publicación que conviene tener a la vista. Con ella,
dieciocho títulos más de María Domínguez (Mis
primeros poemas, Paseando por los puentes de Mádison, Ranas rojas y verdes, El
escarabajo que se confundía con el asfalto y decidió seguir la línea amarilla,
La lluvia mágica…, entre otros libros publicados) permiten ahondar más, si
cabe, en significado originario de “leer” (del latín “legere”: juntar,
recoger).Una buena cosecha, aquí. Y cercana.
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