miércoles, 20 de junio de 2012

Junio, un libro


Con junio, el verano. Y ahí está, como siempre, en sus dimensiones diversas, bajo la  promesa de ser largo y cálido (luego, ya veremos), y para rendir cuentas, en la  temporada que ahora se inicia, no sabemos si a una economía enredada en mensajes difíciles de interpretar e imposibles, casi, de resolver, o como sería deseable, a otras sintaxis menos complicadas y tediosas. En período, además, asociado al descanso,  la ofrecida, por ejemplo, por un buen libro, mejor cohesionada que la anterior, más centralizada y autónoma a un tiempo, con mayor capacidad de seducción, de adaptación, de resistencia incluso. A no dudar tampoco frente a la diferencia de abismos: negro, feo y terrible, aquel; fascinante y formativo, este. No, no hay color… Y es verdad que el rito lector, dentro de los procesos de cambio que se vienen produciendo en el mundo editorial, acaso vaya perdiendo encanto, según el tradicional formato-libro camina hacia un modelo alternativo, tanta biblioteca comprimida en un pantalla panorámica por la que acceder no solo a obras de autor, sino a  prestaciones añadidas e igualmente atractivas. Como sea, y para bien, es la época, su tributo, sus modos y exigencias, de manera que, en adelante, no dejen de reservar hueco, junto al teléfono móvil, para la “tablet pc”, en la bolsa de playa, campo o montaña,  Atrás, aunque no lejos, porque todavía es presente (¡que lo sea, por Dios, muchos años¡), el libro clásico reivindica literal y hondamente su papel y con razones que tal vez no necesiten demasiada explicación. Y es que su valor  ante la mirada y en las manos, con todo lo que supuso y supone el acto de leer (elección, inmersión, reflexión, textura, roce de páginas con los dedos, olor, gozo…), es incalculable, imprime carácter, creo. Por ello, y mientras compramos (o nos regalan) un “book+ mp5”, contemos para cada circunstancia con esa edición, de bolsillo o no, que nunca podrá defraudarnos. Este observador, en estos días primeros del verano, optó por la relectura de Junio, del cordobés Pablo García Baena. Una joya de la poesía española contemporánea. Hay más.     

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